El personalismo es una tendencia filosófica que se focaliza en la persona como centro de reflexión, a partir del estudio de su individualidad, subjetividad, personalidad y sus relaciones interpersonales. En sentido general, puede comprenderse al personalismo desde la idea fundamental de la persona como núcleo principal de todo marco teórico personalista. Sin embargo, el concepto de «personalismo» puede utilizarse en diferentes contextos, en los que se hace un uso muy diverso del personalismo como doctrina o campo de estudio. Así, podemos distinguir cinco grandes ámbitos en los que se desarrolla el personalismo de diferentes maneras y con distintos enfoques teóricos: la filosofía, la ética, la cultura, la medicina y la política.

A nivel filosófico, los primeros estudios que desarrollaron la importancia de la persona se deben a los filósofos medievales, cuyo representante más destacado fue Tomás de Aquino, quién desarrolló un personalismo ontológico y delineó los primeros conceptos y terminologías referentes a la ética y la metafísica de la persona. El personalismo de Tomas de Aquino se considera la base filosófica de muchos personalismos posteriores.

En la actualidad, el concepto de «persona» se problematiza desde múltiples áreas de la filosofía como la ética, la antropología filosófica y la filosofía de la mente. A nivel ético, sus principales cuestiones giran en torno a la moral humana y los problemas del pensamiento y la acción moral de las personas. En la antropología filosófica, el personalismo juega un papel fundamental en la concepción antropológica del ser humano. En relación a la filosofía de la mente, el concepto de persona se tematiza desde el problema de la identidad personal, la subjetividad y la autoconciencia.

A nivel cultural, el personalismo es una tendencia dentro de los estudios sociales y culturales, que surge a mediados del siglo XX en contraste con el colectivismo y el individualismo. El personalismo cultural se postula como una corriente intermedia entre el colectivismo, que pondera a la colectividad por encima del individuo como valor más importante de la sociedad, y el individualismo que rechaza toda colectividad y se concentra en el individuo totalmente desvinculado de la sociedad. A diferencia de ambas posturas, el personalismo cultural toma valores tanto de la colectividad como del individuo, y con ellas construye una postura en la que la persona, representa el valor fundamental de toda sociedad.

En el ámbito de la medicina, el personalismo es una postura relacionada con la bioética, es decir, la ética aplicada a la vida, la salud y la integridad humana. Desde este enfoque se desprenden debates importantes en relación a la persona y la medicina, y los problemas éticos del ejercicio médico en el trabajo con personas. En este marco, es importante el debate entre la bioética personalista, que prioriza a la integridad de la persona como el centro principal de la medicina, y la bioética principialista que enfatiza sobre los principios fundamentales de la medicina.

Por otro lado, también se usa el término personalismo en un ámbito político para hablar de una tendencia ideológica a centrar los partidos y la representatividad en la figura de una sola persona. De esta manera, el personalismo a nivel político toma una forma ideológica, que consiste en ponderar los valores de una persona en especial, que se considera un referente político con prestigio social sobre los grupos y colectividades que representa.

Personalismo
El personalismo, en todas sus formas, prioriza a las personas como el pilar fundamental de la sociedad y la cultura

Personalismo en filosofía.

¿Qué es la persona?.

El problema de la persona y su definición representa una cuestión fundamental en el pensamiento occidental, no sólo en la filosofía, sino también en el ámbito de las ciencias sociales y humanas como la antropología, la psicología y los estudios culturales. La pregunta principal gira en torno a la posibilidad de lograr una definición de persona, libre de ambigüedades y capaz de expresar los aspectos fundamentales de dicho concepto. En este sentido, todo personalismo y toda idea de «persona» parten de una antropología de base, es decir, un concepto acerca de qué es el «ser humano», a partir del cual desarrollar el concepto de persona.

En la cultura occidental, sobre todo a partir del cristianismo, la idea de persona ocupa un lugar central, ya que representa el eje de la moral, la ética y las costumbres de la sociedad en Occidente. Hoy en día, la idea de que «todos somos personas» forma parte de nuestro sentido común y parece algo dado e intuitivo. Sin embargo, este concepto no fue tan claro y común en otros tiempos, sino que se construyó a lo largo de la historia a partir de múltiples y diversos factores sociales, culturales, filosóficos e históricos, que fueron generando las condiciones para qua la idea de persona se establezca como un pilar fundamental de la moral, la cultura y las leyes de la sociedad occidental.

Persona
El concepto de persona representa una de las ideas fundamentales del pensamiento, la cultura y la moral occidental

Breve historia del personalismo filosófico.

En la historia de la filosofía, podemos rastrear el problema de la «persona» y su desarrollo conceptual hacia los orígenes del pensamiento clásico. Sin embargo, es durante la filosofía medieval, a partir del pensamiento cristiano, que el concepto de «persona» comienza a tener un rol importante en la filosofía y el pensamiento occidental. A partir del giro antropológico de San Agustín, quien en sus Confesiones puso al yo personal frente a Dios, y desarrolló el concepto de libre albedrío como la responsabilidad de la persona humana respecto de sus acciones, comenzaron a desarrollarse los primeros esbozos del concepto de persona como una «entidad libre, autoconsciente y responsable de su ser». Desde estas aproximaciones agustinianas y sumada la idea de «cuerpo y alma» como entidad espiritual e individual de la antropología cristiana, el concepto de persona se convertiría en un pilar fundamental de la filosofía y la ética del cristianismo.

Luego, Tomás de Aquino definió a la persona partiendo de fundamentos metafísicos y ontológicos que establecen que todos los seres humanos son personas y, por ello, conllevan una dignidad intrínseca en su ser. Aquino desarrolló el concepto de persona a partir de la metafísica, la ética y la sociedad, y distinguió entre «persona» e «individuo». Según Tomás, persona es «aquello que comprende la sustancia racional y más excelente del ser», es decir, que contiene en su «esencia» las cualidades y virtudes éticas que diferencian a un persona de un individuo. A partir de las ideas de Tomás, el concepto de persona se convirtió en un pilar fundamental de la ética cristiana, y sentó las bases del sentido común respecto del significado de la palabra «persona» en la cultura occidental.

Durante el Renacimiento, el humanismo como movimiento filosófico y cultural promovió los valores del ser humano y desarrolló un concepto antropológico que puso a la figura humana como centro del pensamiento, la cultura y la sociedad. Posteriormente, durante la filosofía moderna, el problema de la persona no fue tratado tan específica y detenidamente como en el caso de los medievales. No obstante, la pensamiento moderno se preocupó por el yo, el sujeto y la subjetividad como eje central de la filosofía y la cultura. En relación a la ética, Immanuel Kant postuló al hombre como un «fin en sí mismo», a partir del cual las personas nunca deben ser tratadas como «objetos» o «medios», sino como «sujetos» y «fines» en sí mismos, lo que establece la dignidad y el valor moral intrínseco en cada ser humano.

Filosofía cristiana
Los aportes de la filosofía cristiana al concepto de persona fueron de vital importancia para futuros desarrollos del personalismo en Occidente

Las primeras influencias del personalismo contemporáneo las podemos hallar a finales del siglo XIX con el surgimiento del existencialismo como una nueva forma de concebir al ser humano en relación a su existencia personal y al conflicto filosófico de su ser, su persona y su existir en el mundo. La filosofía existencialista, impulsada en primer lugar por el filósofo danés Soren Kierkegaard, significó un giro en el pensamiento hacia lo existencial y los conflictos personales en relación al mundo y la existencia. De esta manera, el existencialismo fue un precursor importante para el surgimiento de las filosofías personalistas del siglo XX, las cuales comienzan a pensar la importancia de la persona y su existencia concreta en relación al mundo, la sociedad y los otros.

Ya en el siglo XX, el personalismo toma su forma más acabada y propia de la mano de la filosofía cristiana, en el pensamiento de filósofos como Jacques Maritain, fundador del humanismo cristiano; Gabriel Marcel y su obra Ser y tener, en la que resalta la importancia de la persona y sus relaciones interpersonales; y Emmanuel Mounnier, quién definió al personalismo como «aquella doctrina o postura que prima a la persona humana por sobre los intereses materiales y mecanismos colectivos que sostienen su desarrollo». El personalismo de Mounnier cuestionó a los totalitarismos fascistas, el marxismo y, principalmente, el individualismo liberal imperante en el siglo XX.

Las nuevas concepciones del personalismo contemporáneo rompen con el individualismo moderno y postulan a la persona en su relación interpersonal, en contacto con las demás personas, el mundo y la sociedad. A partir de este giro, el personalismo se postularía como una de las corrientes filosóficas más destacadas del siglo XX en materia de ética, derechos y valores.

Personas
A partir del siglo XX, el concepto de persona y los valores personalistas comenzaron a integrarse en el pensamiento y la cultura general

Principales referentes del personalismo.

  • Jacques Maritain: Filósofo cristiano, representante del tomismo contemporáneo. Fue el primero en desarrollar la temáticas personalistas aportando gran parte de la terminología y los conceptos básicos del personalismo. Fundador del humanismo cristiano, Maritain desarrolló el personalismo en la antropología, la ética, la política y la espiritualidad, basado en la idea de que el ser humano «se construye» a partir de la cultura, los valores y los vínculos.
  • Emmanuel Mounnier: Fue uno de los máximos exponentes del personalismo, cuestionó tanto al individualismo como al materialismo y expuso una definición de persona como una integridad física, social y espiritual. Postuló que el ser humano se desarrolla y construye su persona en comunidad, despegándose de su individualismo mediante la elección libre de valores asumidos con responsabilidad y compromiso, tanto personal como colectivo. Para Mounnier, la persona es una «existencia encarnada», una unidad entre cuerpo y espíritu. Mounnier estableció cinco pautas por las que debe darse una sociedad personalista y comunitraria:
    1. Salir del sí mismo: Superar todo individualismo o egocentrismo.
    2. Empatía: Desarrollar la capacidad de comprender a los otros.
    3. Solidaridad: Ser capaz de acompañar y ayudar a los otros en comunidad.
    4. Desinterés: Desarrollar la capacidad de dar desinteresadamente, superando así todos los conflictos del individualismo.
    5. Fidelidad: Desarrollar un carácter fiel a la propia persona y respetuoso con los demás.
  • Gabriel Marcel: Filósofo francés, su personalismo surge a raíz de sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial. Mediante la frase «yo soy mi cuerpo» afirmó que el ser humano no «tiene» un cuerpo, sino que «es cuerpo». El cuerpo es un factor fundamental para la concepción de la persona. Marcel intentó enfatizar en la realidad personal de cada individuo y desarrollar una filosofía basada en el estudio de la persona y sus características fundamentales, entre las cuales destacó aspectos como la responsabilidad, el compromiso, la vocación, la presencia, la entrega y la intersubjetividad. En su libro Ser y tener, Marcel cuestionó el materialismo de la época y estableció que el ser humano encuentra su autorrealización en el desarrollo espiritual y ético de su persona y no en los bienes materiales.
  • Maurice Nedoncelle: Filósofo francés, desarrolló un estudio filosófico y fenomenológico de la persona y se concentró en la dimensión psíquica de la experiencia personal. Consideró a la persona como el núcleo de la realidad y cuestionó el aspecto sociocultural de Mounier, según el cual la persona es un factor de revolución y cambio en la estructura social. Nodencelle teorizó sobre la relación «yo-tú», sobre el amor, Dios y la comunidad como conceptos centrales de la vida interior de las personas y sus relaciones interpersonales.
Personalismo comunitario
El personalismo contemporáneo enfatizó la importancia de diferenciarse del individualismo y fundar un concepto de persona en vínculo pleno con los demás

Ética personalista.

La ética es una disciplina filosófica que se encarga de estudiar la acción moral, y las ideas y conceptos que tenemos respecto del comportamiento, la conducta y el modo de obrar humano. En este marco, el concepto de «persona» es de vital importancia para la filosofía de la acción, ya que representa el centro de autodeterminación y autodecisión, a partir del cual se realizan las «acciones morales». La ética tiene sentido a partir de la idea de un sujeto con libertad de conciencia y acción, es decir, una individualidad con subjetividad propia, capaz de decidir y dar razón de sus propios actos. Esto convierte a la persona en el centro de las más importantes problemáticas de la ética y la filosofía moral, donde intervienen cuestiones fundamentales como la libertad y el libre albedrío, la virtud y el vicio, el bien personal y el bien común, entre otras temáticas fundamentales de la ética.

La ética personalista surge en el siglo XX, y se postula como una corriente crítica del materialismo, el individualismo y el fascismo imperantes en la época. En este marco, el personalismo ético se centró en resaltar la importancia de la persona, la dignidad humana, los derechos y los valores fundamentales de las personas por encima de lo material, lo colectivo o lo individual. A continuación, expondremos una lista de los principios fundamentales del personalismo:

Principios de la ética personalista.

  • Dignidad humana: El personalismo establece como prioridad fundamental la integridad y dignidad de las personas como un valor inviolable e intransferible. Todas las personas, por el simple hecho de ser personas, tienen derecho a vivir dignamente y tener una buena calidad de vida que les permita desarrollar el bienestar, la felicidad y la plenitud.
  • Valores y virtudes: La ética personalista se basa en la idea de que la persona «se construye» a partir de sus acciones virtuosas, y «se destruye» con acciones viciosas o dañinas. Por lo que el personalismo busca desarrollar en las personas un carácter virtuoso, sostenido por la práctica de valores fundamentales como el respeto, la empatía, la tolerancia, la solidaridad, el altruismo, la amistad, el amor, la familia, entre otros.
  • Desarrollo personal: Uno de los pilares fundamentales del personalismo consiste en la idea del crecimiento personal. La persona no es algo dado, sino que se desarrolla y se construye a partir del desarrollo humano, fomentando la realización personal mediante la autonomía, el autoconocimiento, la autoestima y la autoafirmación de las personas. Para el personalismo, es importante que las personas logren desarrollarse y construir una identidad íntegra y sana, que les permita vivir virtuosamente y en sociedad.
  • Bien común y alteridad: A diferencia del individualismo, el personalismo desarrolla un concepto de persona en relación con la comunidad y en vínculo pleno con la sociedad. Según el personalismo, la persona «se construye» no sólo en relación a sí misma sino mediante la alteridad, es decir, en convivencia con los otros. Por esta razón, la noción de un «bien común» que unifique a las personas en un marco de respeto, igualdad, equidad y justicia, es un factor fundamental para entender el desarrollo de las personas en comunidad y a nivel social. En este marco, son importantes los derechos humanos como pilar fundamental para impulsar la ampliación tanto de los derechos individuales como de los derechos sociales, estableciendo una sociedad que garantice y amplíe los derechos de todas las personas.
  • Diálogo y comunicación: El personalismo enfatiza la importancia del diálogo y la comunicación abierta hacia los demás. Con el fin de lograr una realización personal equilibrada, es importante fomentar las relaciones interpersonales sanas y basadas en el respeto, la honestidad, la confianza y el compromiso con los demás. En una una sociedad personalista, la educación en la ciudadanía mediante el diálogo respetuoso y la comunicación que integre a todas las partes de la sociedad, resulta de vital importancia para sostener y fomentar el desarrollo de las personas.
Relaciones interpersonales
A diferencia del individualismo, el personalismo define a la persona a partir de sus relaciones interpersonales y como parte de una comunidad

Personalismo en medicina y bioética.

En el marco de la medicina, los debates acerca del personalismo, principalmente, en relación a la ética y la salud, son de vital importancia, debido a que la salud de las personas representa el objetivo principal de toda medicina y de la labor médica. En este marco, surge el personalismo en la bioética, influenciado por el desarrollo filosófico, cultural y religioso del pensamiento personalista durante el siglo XX, el personalismo bioético desarrolló sus propios principios en relación al cuidado y el trabajo con personas en el ámbito de la salud. A continuación, expondremos brevemente los principios de la bioética personalista:

  • Defensa de la vida física: Establece que la vida física de la persona, es decir, su salud e integridad corporal son el valor fundamental de toda medicina, ya que la persona no puede existir sin un cuerpo, el cuerpo representa el centro fundamental para garantizar la salud de las personas. Por esta razón la defensa de la vida, la salud y la integridad física de las personas es un principio fundamental de la bioética personalista.
  • Totalidad de la persona: El principio de totalidad establece que la persona humana se considera una totalidad íntegra de su cuerpo, su voluntad y su libertad. El principio postula que la salud de las personas debe garantizar la integridad y totalidad de su ser por encima de cualquier otro criterio fragmentario. Por esta razón, en los casos en que sea necesario la intervención de alguna parte del cuerpo para garantizar la salud de la totalidad de la persona, es preciso, en una primera instancia, contar con la voluntad y el consentimiento libre del paciente para llevar adelante la operación.
  • Libertad y responsabilidad: Este principio enfatiza el concepto de libertad personal y la responsabilidad que ella conlleva. La persona es libre en todo momento, más allá de sus condiciones o características particulares. Por esta razón, en todos los ámbitos, pero en especial en medicina, es importante fomentar la responsabilidad frente a la libertad que las personas tienen sobre su propia salud. Cuando la libertad atenta contra la salud hay una falta de responsabilidad, y es necesario educar en salud e higiene con el fin de realizar un ejercicio sano y responsable de la libertad personal que los sujetos tienen para con su salud y la salud de los demás.
  • Sociedad y subsidio: La bioética personalista entiende a la persona como el centro de la sociedad, por ende, esta debe ser beneficiaria de todos los derechos y garantías que la sociedad y los Estados deben otorgar a todas las personas, por el simple hecho de ser personas. El derecho a la salud y a una vida íntegra y saludable, así también como una asistencia médica completa y de calidad para todas las personas, son principios fundamentales que toda sociedad debe desarrollar y garantizar a las personas en materia de salud, prevención e higiene.
Ética personalista
La bioética personalista se centra en la integridad de la persona como objetivo principal de la salud y la medicina

Personalismo cultural.

El personalismo a nivel socio-cultural surge a mediados del siglo XX en un contexto de posguerra como una reacción a las atrocidades y delitos de lesa humanidad cometidos durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En este marco, de profunda crisis moral, social y humanitaria, el personalismo surge como una postura que enfrenta a las doctrinas fascistas y totalitaristas, las cuales establecían la primacía de la «ideología» o «partido» ante cualquier derecho o dignidad personal e individual. En nombre del fascismo y el totalitarismo se han cometido los crímenes más graves de la historia contemporánea de Occidente. Por esta razón, el personalismo surge como una postura que reivindica el valor de las personas por sobre todo otro valor social, político, ideológico o económico. En este sentido, el personalismo es una corriente cultural que, desde muchos ámbitos, impulsa la valorización de las personas como sujetos de pleno derecho. Este conjunto de aspiraciones personalistas influyeron en la conformación de las ideas fundamentales para promover los derechos humanos y los valores de la paz, la tolerancia y la igualdad entre todas las personas. El concepto de persona representa esa universalidad que trasciende las naciones, ideologías e incluso credos distintos. El principio de la persona parte de la premisa universal de que «todos somos seres humanos», y como tales somos sujetos de derechos, los cuales son inviolables e intransferibles más allá de todo poder social o ideológico: la persona representa el sujeto de todos nuestros derechos.

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Aci, E. M. (16 de octubre de 2023). Definición de personalismo. Características, principios, filosofía, ética y cultura. Definicion.com. https://definicion.com/personalismo/