Etimológicamente, la palabra igualdad proviene del latín aequalitas. Este vocablo está conformado por el adjetivo aequus, que significa “igual”, “justo”, “equilibrado” o “equitativo”; seguido por los sufijos –alis (“relativo a”) y –tat (“calidad de”).

En términos generales, podemos definir a la igualdad como una situación en la que algo es conforme a otra cosa, es decir, cuando su esencia es similar, o tiene la misma forma, o cuenta con igual cantidad de elementos.

En el campo de la matemática, la igualdad tiene que ver con una relación de equivalencia entre dos expresiones o valores. A mediados del siglo XVI, el matemático galés Robert Recorde fue el primero en utilizar el signo de las dos líneas horizontales (=) para simplificar la expresión de dicha relación.

Sin duda, donde realmente cobra relevancia este concepto es en el ámbito social y legal. En este sentido, la igualdad de derechos es un precepto que indica que todo sujeto de derecho se encuentra en un punto de equilibrio en relación con los demás, ninguno es superior o inferior a otro. Es decir, todos los ciudadanos y las ciudadanas cuentan con los mismos derechos y obligaciones, y deben ser considerados como iguales ante la ley, sin ningún tipo de discriminación ni trato preferencial.

Por su parte, el concepto de igualdad social da cuenta de la circunstancia social en la que todas las personas y los grupos acceden a las mismas oportunidades, los mismos derechos y los mismos deberes, sin importar cuáles sean sus condiciones socioeconómicas, raciales, étnicas, sexuales o religiosas.

Todo lo contrario supone el fenómeno de la desigualdad social. Esta ausencia de equidad no solo hace referencia a los ingresos económicos, sino que también tiene que ver con la disparidad en el acceso a los servicios públicos, como la salud y la educación, en el acceso a la tierra y a la participación política. Fundamentalmente, tiene que ver con la desigualdad de capacidades, es decir, el grado de autonomía (habilidades, conocimientos), el conjunto de opciones entre las cuales las personas pueden elegir.

La desigualdad, tan arraigada en América Latina –hace décadas es considerado el continente más desigual del mundo–, es resultado de una combinación de elementos y no puede ser explicada por una causa aislada. La desigualdad de ingresos, por ejemplo, tiene que ver con la desigualdad de acceso a muchos otros activos. Gran parte de las sociedades latinoamericanas padece una desigualdad socioeconómica estructural que se hace visible en la gran concentración de la propiedad y de las capacidades.

Para varios académicos y organismos internacionales, la igualdad es un valor fundamental que propicia el desarrollo. Implica la expansión de las capacidades y oportunidades laborales, sanitarias, educativas, en todo el entramado social.

Reclamo por igualdad de derechos.
La igualdad de derechos supone que todos y todas somos iguales ante la ley.

Igualdad de oportunidades.

También en el marco de lo social, como en la planificación de las políticas públicas y los programas sociales, se destaca el concepto de igualdad de oportunidades.

Para analizar este fenómeno es preciso realizar una distinción entre una perspectiva ex ante y una ex post. El enfoque ex ante otorga mayor importancia a las condiciones iniciales de los individuos y enfatiza la necesidad de igualar el terreno para todas las personas. La visión ex post, por su parte, prioriza el resultado, es decir, aquello que acontece como efecto de la interacción entre los aspectos individuales y el contexto.

La noción de igualdad de oportunidades adopta una perspectiva ex ante, hace énfasis en el principio de que la distribución de cualquier logro alcanzado por las personas, por ejemplo el nivel de ingresos o de escolaridad, no debe estar condicionada por las circunstancias de los individuos, de manera que los logros de bienestar reflejen aspectos aleatorios y de esfuerzo individual, independientemente de las condiciones iniciales.

Igualdad en el acceso a la educación.
La igualdad de oportunidades garantiza el acceso a la educación para todos los miembros de la sociedad.

Igualdad y equidad.

Si bien la equidad es una cualidad que implica igualdad de oportunidades y justicia social, cabe aclarar que los conceptos de igualdad y equidad no significan exactamente lo mismo.

En términos de igualdad, se distinguen dos interpretaciones sobre la equidad. Por un lado, la equidad vertical es la igualdad absoluta, es decir, el tratamiento igualitario hacia todas las personas y grupos sociales.

Por otro lado, la equidad horizontal se refiere al tratamiento igualitario para individuos iguales o grupos iguales. Según esta visión, en el afán de corregir desigualdades sociales previas, podría ejercerse un tratamiento diferencial –lo que no significa que sea injusto–hacia determinadas personas o sectores sociales. Por ejemplo, que el Estado brinde subsidios a sectores vulnerables de la población a fin de compensar y facilitar el acceso de estos a los servicios básicos. 

Resistencia feminista, igualdad de género.
La perspectiva de género reclama la igualdad y la corrección de las relaciones de poder asimétricas.

Igualdad de género.

La igualdad de género se define como la circunstancia social en que las mujeres y los hombres, y las niñas y los niños, cuentan con los mismos derechos, las mismas oportunidades, y los mismos deberes.

En torno a las cuestiones de género, surgen diversas posturas. Entre ellas podemos mencionar el feminismo de la igualdad, que plantea la eliminación de las diferencias entre las mujeres y los hombres, ya que considera que, en esencia, somos todos y todas seres humanos. Esta postura lucha por la igualdad de oportunidades sociales, económicas, laborales y de participación política. Demanda un cambio profundo del modo de vivir en sociedad –tanto en el ámbito privado o doméstico, como en el público– y un replanteo sobre la concepción misma del ser humano.

Desde una perspectiva de género, la mencionada igualdad de oportunidades –de acceso a cuestiones básicas como la salud o educación, por ejemplo– puede resultar insuficiente si hablamos de igualdad con todas las letras. Es que no se puede pasar por alto que las condiciones sociales iniciales entre hombres y mujeres hace tiempo son diferentes, gracias a la larga historia de acumulación de poder masculino, la división sexual del trabajo, la invisibilización de la violencia de género y la arraigada discriminación.

Las desigualdades de género están muy aferradas a diversas relaciones de poder, en el ámbito social, pero también al interior de los hogares. Allí encontramos el trabajo doméstico no remunerado y la sobrecarga de tareas de cuidado; además, es donde la desigual relación de poder entre hombres y mujeres se expresa de la peor manera con la violencia de género. Esto último también tiene que ver con la desigualdad, en términos de autonomía física, económica y en la posibilidad de decidir. 

Desde esta óptica, y en una búsqueda de la igualdad, surge la necesidad de corregir dichas disparidades y relaciones asimétricas, que en parte puede ser posible con políticas públicas y medidas de trato diferencial (como vimos en el apartado de equidad horizontal).

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Lehrer, L. (7 de marzo de 2022). Definición de igualdad. Su origen, aplicaciones y diferencias con la equidad. Definicion.com. https://definicion.com/igualdad/