La palabra madurez, que proviene del vocablo maduro, puede utilizarse para señalar que algo (o alguien) ha conseguido un óptimo estado a nivel de desarrollo

Así, tiene tres formas de considerarse. En primer lugar, puede hablarse de la madurez de un fruto: se indica que alcanza un estado de madurez cuando ya es posible comerlo. En segundo término, es posible hacer referencia a la madurez de un sujeto o de un elemento: en este sentido, señala que se ha llegado a un nivel adecuado para emplear algo o utilizarlo.

En tercer lugar, otra manera de aplicar el concepto es para señalar que un individuo posee la capacidad mental vinculada con la adultez. De este modo, madurez es señal de crecimiento, de equilibrio, y de actuar de forma adecuada en diferentes circunstancias.

Desde esta tercera concepción, es posible usar la idea en otro sentido. Puede oírse la siguiente frase: «La madurez del barroco tuvo lugar en Italia a principios del siglo XVII«. Esta oración señala que el movimiento se consolidó hacia aquel momento, y que las obras consideradas más representativas son de dicho período.

Madurez, entonces, se vincula a la noción de maduro, palabra que, a su vez, surge del latín maturus. El término se empleaba para señalar algo que está “a la sazón”, justo a tiempo para ser utilizado.

Fruta madura
Se emplea el término maduro, generalmente, para hablar de frutos comestibles; también se extiende su uso al desarrollo biológico en general.

Madurez en biología.

La madurez, desde la biología, se vincula con todos los aspectos y fenómenos a través del cual el cuerpo va desarrollándose hasta alcanzar diferentes etapas. En este sentido, y en el caso particular de los humanos, no es un proceso que ocurre en todos de manera similar. Es, además, una forma de desarrollo que suele variar de persona a persona, aún cuando compartan género, edad y otros factores que las hagan semejantes.

Los tiempos en el que este fenómeno ocurre no solo varían entre humanos sino que, como especie, nuestros tiempos de maduración biológica son distintos de aquellos que tienen los animales. En ellos, la madurez se alcanza en lapsos más cortos: hay insectos, como algunas variedades de mariposa, cuya vida adulta no dura más de 24 horas. Las personas, por nuestra parte, podemos atravesar un proceso de maduración durante muchos años, como por ejemplo la pubertad.

Etapas.

Las etapas en las que usualmente se diferencian los niveles de madurez biológica de los humanos son cinco. En primer lugar, está la infancia, donde los más pequeños necesitan la presencia de un adulto que los cuide y los eduque. Además, en esta primera etapa de madurez, el desarrollo de los niños debe ocurrir desde cuatro aspectos:

  • lo psicomotriz y el vínculo con su cuerpo
  • la socialización y la relación con otros
  • el lenguaje y la posibilidad de manifestarse
  • la inteligencia y la adquisición de nuevas habilidades y conocimientos
Desarrollo de infancia
Lo que un niño aprende en su infancia lo acompaña el resto de su vida.

Esto lo acompañará durante el resto de su existencia, de ahí que la infancia sea un proceso en el que es fundamental que los más pequeños tengan estímulo y atención.

La segunda etapa, alrededor de los 10 años, abarca la época en la cual los niños comienzan a transitar la preadolescencia. Aquí, al empezar a hacerse más grandes, se ponen en juego capacidades aprendidas en los años previos: sin embargo, no dejan de ser niños. Dependiendo de la persona, poco a poco empezarán a tener lugar cambios en sus organismos que durarán por, al menos, una década más, cuando inicie su ingreso a la adultez. 

La adolescencia, la tercera etapa, es el inicio de procesos madurativos donde lo emocional está en juego. Es la época donde los más jóvenes comienzan a buscar autonomía (respecto de sus padres) y suele ser una época de conflicto entre ambas partes. Además, es un momento en el que tienen lugar nuevos vínculos y hay nuevas formas de reflexionar y analizar situaciones. 

La madurez y la vida adulta.

Con el ingreso a la adultez, la cuarta etapa, surgen nuevas experiencias, como la independencia y la etapa laboral. Estas se extienden por los próximos 30 años aproximadamente. A menudo, se identifica la madurez con las etapas más avanzadas de la adultez.

Adultos e independencia
El recorrido laboral de una persona usualmente se extiende desde los primeros años de adultez y por 30 años.

Es decir, la madurez va desde alrededor de los 40 o 45 años hasta aproximadamente los 60 años (previo al inicio de la vejez, la quinta etapa). En esta instancia, la madurez no es solo biológica sino que es, además, social, espiritual, psíquica y emocional. Es el resultado de las experiencias y aprendizajes adquiridos a lo largo de toda la vida. 

El vínculo entre madurez biológica, psíquica y social.

A lo largo del desarrollo hay instancias que son exclusivas de cada etapa y su presencia o ausencia es un aspecto al que hay que prestar atención para tomar las medidas correspondientes. 

Un ejemplo es durante la infancia: los niños suelen aprender a caminar alrededor del primer año de vida y comienzan a hablar poco después. No en todos los chicos ocurre al mismo tiempo, pero que no sucede dentro del lapso temporal que un profesional de la salud indique como óptimo, debe ser una señal de alerta. Esto permite accionar cuanto antes para que el desarrollo de ese pequeño ocurra en las mejores circunstancias.

Un segundo aspecto para tener en cuenta es que no hay una correspondencia necesaria entre alcanzar una etapa de madurez biológica y las concepciones sociales respecto de esto. Un ejemplo es la posibilidad de concebir un hijo.

Una niña que alrededor de los 11 o 13 años tiene su primer período, cuenta con la madurez biológica corporal para poder engendrar un bebé ya que su aparato reproductor está preparado para ello. Sin embargo, tal hecho no se corresponde con que cuente con la madurez emocional para hacerlo, dado que aún es una niña o una preadolescente.

Madurez emocional.

Por otra parte, la madurez emocional se vincula con la habilidad o capacidad con la que cuenta alguien para hacerle frente a situaciones de su día a día. Esta madurez se asocia con la posibilidad de atravesar circunstancias con una gestión adecuada de sus emociones, sin malestares innecesarios y con la capacidad de expresarse. 

Madurez emocional
Emocionalmente, la madurez nos permite gestionar nuestras emociones y pensamientos de la manera más adecuada.

Esto puede aplicarse a múltiples hechos, desde atravesar una situación de estrés laboral hasta cómo se afrontan los acontecimientos de la vida cotidiana. 

La madurez emocional, entonces, se relaciona con contar con las herramientas fundamentales para hacer una gestión adecuada de cada realidad. Esto supone algunos aspectos particulares como actuar de acuerdo con convicciones y valores propios, sin dejarse llevar por otros factores que puedan beneficiar y herir a otros.

También entra en juego la capacidad de poder hacernos cargo de las responsabilidades que nos corresponden. Si esto ocurre en una situación donde ha habido una equivocación, esta responsabilidad hace que percibamos nuestro error. Así, en futuras experiencias similares sabremos cómo evitar tales equivocaciones.

Esta madurez, asimismo, puede trabajar en nuestro vínculo con los demás. La madurez no es, como a veces podemos pensar, ceder frente a pedidos de terceros como forma de complacerlos o de evitar que alguien se enfade con nosotros. Es poder reconocer hasta dónde es suficiente para uno mismo, hasta dónde podemos dar lo mejor y no tomar responsabilidades que excedan nuestras capacidades o nuestro interés, incluso.

Es importante tener en cuenta, de igual modo, que la madurez no se alcanza, como si fuese una meta a la cual llegar. La madurez es un proceso: estamos en constante aprendizaje, en constante posibilidad de equivocarnos y lo relevante aquí es poder hacerle frente a esa situación y prevenir episodios que nos hagan daño. 

Citar este artículo

Fernández, A. M. (31 de agosto de 2022). Definición de madurez. Etapas y tipos. Definicion.com. https://definicion.com/madurez/