Objetividad es el nombre del término que hace referencia a una idea o un pensamiento que evita recurrir a parcialidades, una opinión o creencia personal o desde los propios sentimientos.
Es un concepto que puede aplicarse a múltiples áreas y disciplinas, y un concepto muchas veces difícil de lograr.
La palabra proviene del latín obiectus, y puede traducirse como lo que se pone por delante; en este caso, el objeto alude a las cualidades en sí de un objeto. Es decir, el único parámetro son esas propiedades, no lo que podamos considerar sobre ellas.
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Historia.
La noción de objetividad se opone a la de subjetividad, donde la intervención del sujeto sí es relevante. Este par conceptual es uno estudiado históricamente ya que están en estrecho vínculo con las consideraciones sobre lo real y la verdad.
La filosofía, por ejemplo, lo ha abordado desde distintas perspectivas, como la epistemología o la ontología. En este sentido, la objetividad establece un vínculo entre la conciencia (aquello en nuestra mente) y la realidad. Así, lo objetivo alude a aquello que está más allá de la conciencia humana, que se presenta como algo inmutable, y dado.

Sin embargo, el acceso a este conocimiento necesita, de modo ineludible, un instrumento: la mente humana, con sus procesos cognitivos y la construcción de ese elemento y todos los que nos rodean.
Desde una disciplina como la historia, por ejemplo, el análisis de la objetividad es una problemática abordada por historiadores desde hace largo tiempo.
Este tipo de disciplinas, inscriptas dentro de las denominadas ciencias sociales, a lo largo de la historia del pensamiento occidental han sido contempladas como poco científicas y, por ende, con un aproximación poco preciso a la verdad.
Esto se vincula, por oposición, con otras disciplinas, denominadas ciencias duras, como las matemáticas, la física o la química, en las cuales es posible hallar leyes y principios casi inmutables.
Las ciencias sociales gozan de un método científico trabajado por separado, y de forma interdisciplinar a la vez, desde mediados del siglo XIX. La objetividad, la construcción de un método científico y la definición de conceptos de base sobre los cuales efectuar una investigación han sido las claves para ello.
Sin embargo, la búsqueda de objetividad, de narrar la historia desde la imparcialidad, ha sido también un desafío entre los estudiosos de esta disciplina.

Si bien los hechos históricos pueden presentarse de modo objetivo, pueden ser construidos desde la propia subjetividad, y allí es donde se encuentra el desafío del historiador. Un ejemplo es lo siguiente:
- Cristóbal Colón llegó a América en 1492.
- Cristóbal Colón descubre América en 1492.
La primera expresión es un hecho objetivo en sí: la primera vez que se tiene registro que el marinero genovés llegó a tierras americanas es en ese año. Sin embargo, la idea de descubrimiento puede estar sujeta a la interpretación de quien narra esa historia:
- Las tierras americanas habían sido exploradas antes de su llegada, por ejemplo, por Américo Vespucio, quien navegó las costas del norte de Sudamérica.
- La noción de descubrir, muchas veces, ha sido cuestionada, entre otros motivos, por dejar de lado que existían sociedades milenarias en el territorio que descubrieron mucho antes estas tierras. Así, la idea de descubrimiento de América trae aparejada, muchas veces, una perspectiva eurocentrista, basada en la mirada del colonizador.
Evolución histórica de la objetividad.
La objetividad ha sido un tema central en la filosofía occidental desde tiempos antiguos.
Kant, por ejemplo, introdujo la idea de que, aunque nuestra percepción esté mediada por la experiencia, ciertas categorías de pensamiento nos permiten acceder a verdades objetivas.
Por su parte, Popper propuso el falsacionismo, sugiriendo que la ciencia avanza mediante la refutación de hipótesis.
Estas ideas han moldeado la percepción de la objetividad en contextos científicos y filosóficos.
Principios de la objetividad.
Veamos, a continuación, algunos ejes principales en la consideración de la objetividad.

En primer lugar, su vínculo con la subjetividad. Lo objetivo alude a aquello que, sin importar la perspectiva desde donde se observe, permanece inmutable. Un ejemplo puede ser Las jirafas tienen el cuello largo. Lo subjetivo, por otra parte, alude a la propia consideración de quien habla; un ejemplo puede ser Las jirafas no me parecen lindas, ya que para una persona pueden no ser agradables y, para otras, sí.
Otro término relacionado es el de neutralidad: proveniente de neuter (ni una cosa ni la otra), señala una postura en la cual, entre dos opciones, se opta por no estar a favor de ninguna, y tampoco en contra de ninguna. Es una postura al centro, entre ambas, que no toma partido.
Es un concepto recurrente en el universo militar, por ejemplo, al señalar la postura de algunos países que no intervienen, ni a favor ni en contra, y se abstienen de emitir opinión.
Otro concepto es el de imparcialidad: es un concepto mediante el cual se actúa o se realiza un juicio sin que la propia opinión pueda estar construida en función de simpatías, preferencias o antagonismo por alguna de las partes.
Es un concepto recurrente en el mundo de la ley, fundamentalmente en relación con los jueces. Al dictar una sentencia, el juez debe apelar a esta capacidad para juzgar de forma justa, igualitaria y sin que el resultado de esa sentencia interfiera en él.
Objetividad en la ciencia moderna.
En la ciencia moderna, la objetividad se busca a través de prácticas como la revisión por pares y los estudios doble ciego.
Estas metodologías ayudan a asegurar que los resultados no estén sesgados por las expectativas del investigador.
La replicación es sumamente importante, pues al repetir experimentos, se verifica la validez de los resultados.
Así, el compromiso de minimizar el sesgo personal fomenta una comprensión más precisa de los fenómenos.
En la práctica: desafíos.
El ejercicio de la objetividad en la vida diaria, o en los diferentes ámbitos de la vida, puede ser uno que presente desafíos.
Esto sucede por razones que subyacen a nuestros propios procesos cognitivos. Entre estos procesos, encontramos que todas las personas contamos con una opinión, con un trasfondo histórico y con experiencias de vida diversas.
Así, tenemos formas de ver el mundo que se inscriben dentro de una forma de concebir la realidad u otra.

Dicho de otro modo, la objetividad se presenta como una meta difícil de alcanzar: habitamos una cultura cambiante, con tradiciones y costumbres, y la objetividad, allí, implica un ejercicio. Esto se vincula, entonces, con la aparición de sesgos, es decir, un corte, un rumbo que se toma.
Desde la psicología, por ejemplo, la idea de sesgo cognitivo señala un fenómeno en el cual nuestros pensamientos o forma de ver el mundo influyen en nuestra forma de interpretación. Así, si bien en ocasiones son un procedimiento muy útil para adaptarnos o actuar con velocidad, en ocasiones funcionan como atajos.
Los sesgos cognitivos pueden ser algunos de los siguientes:
- De correspondencia: atribuir, a los demás, rasgos propios de nuestra propia personalidad;
- De confirmación: reforzar nuestra propia postura mediante la búsqueda de información o la elección de información que confirme nuestra propia perspectiva;
- Endogrupal: es decir, que valoramos positivamente las actitudes y acciones de sujetos dentro de nuestro propio grupo (comunidad, género, país, entre otras), y valoramos negativamente a quienes son ajenos a él;
Ejemplos adicionales incluyen el sesgo de anclaje, donde las primeras informaciones influyen desproporcionadamente en nuestra percepción, y la heurística de disponibilidad, que provoca que juicios se basen en recuerdos fácilmente accesibles en lugar de información exhaustiva.
Estos sesgos pueden desviar las interpretaciones de hechos, resaltando la necesidad de estrategias para mitigarlos.
Quienes trabajan en investigaciones y disciplinas orientadas a lo social deben vigilar con mayor cuidado tanto sus propios sesgos cognitivos como la intervención de su propia perspectiva del mundo al observar ese objeto.
El sujeto de investigación es, aunque objetivo en su labor científica, un humano que habita con otros humanos, que tiene valores, prejuicios, preferencias personales, sesgos cognitivos y otras características de las personas.
La asimilación de la propia subjetividad permite, en estos contextos, poder atender con mayor facilidad cuándo y dónde depositar nuestra subjetividad y cuándo y dónde darle paso a nuestra objetividad.
Retos contemporáneos a la objetividad.
La objetividad enfrenta retos actuales, especialmente en el ámbito de los medios de comunicación.
La proliferación de información en redes sociales, a menudo controlada por algoritmos, puede fomentar la difusión de desinformación.
Estas plataformas priorizan contenido atractivo sobre veraz, lo que influye en la opinión pública.
En la política, las narrativas sesgadas polarizan aún más entre las audiencias, resaltando la importancia de un periodismo responsable y objetivos claros en la comunicación de hechos.
La objetividad y perspectivas culturales.
Diferentes culturas valoran la objetividad de formas divergentes.
Mientras que la filosofía occidental tiende a enfatizar la distinción entre sujeto y objeto, otras tradiciones, como la filosofía oriental, pueden priorizar enfoques relacionales.
En estos contextos, el conocimiento se percibe no sólo a través de su objetividad, sino también considerando interacciones y relación con el entorno.
Conocer estas perspectivas variadas permite una visión más holística del concepto.
Citar este artículo
Fernández, A. M. (30 de junio de 2023). Definición de objetividad. Rasgos, conceptos y ejemplos. Definicion.com. https://definicion.com/objetividad/