Causalidad es el vocablo empleado para designar aquello que es el inicio o el origen de otra cosa, es decir, se utiliza fundamentalmente para señalar una relación entre una causa y el efecto de esta.

De este modo, se nombra la relación entre hechos, actitudes, acciones, sucesos o eventos que están interrelacionados con otros.

El término está relacionado con la palabra causa, de la que proviene: el concepto proviene del término latino causa, es decir, razón, o motivo de otra cosa.

Características.

Existen algunos rasgos generales para poder interpretar la causalidad:

  • En primer lugar, pueden contemplarse dos elementos: un elemento A, que es el que inicia todos los eventos, y un elemento B, que es el resultado de aquello que A genera;
  • En segundo lugar, entre ambos eventos hay un vínculo de correlación, de causa y efecto o de consecuencia;
  • En tercer lugar, y a propósito del segundo punto, la temporalidad es otro rasgo: hay una sucesión lineal, ya que primero está la causa y luego su resultado;
  • En cuarto lugar, hay una direccionalidad, es decir, se va desde la causa hacia el efecto, y no viceversa.
Direccionalidad
La causalidad tiene una única dirección, es decir, desde la causa hacia el efecto.

Estos rasgos son elementos básicos de este fenómeno: existen otras formas de observar la causalidad, como el grado de probabilidad con el que tendremos determinada consecuencia como resultado, por ejemplo. En función de ello, es posible hacer una predicción que nos ayude a determinar cuál es la condición que puede hacer que ese evento ocurra, y elaborar una hipótesis al respecto.

Historia.

La observación de la causa y el efecto (del vínculo entre eventos) y la naturaleza de esta relación es una muy antigua. Uno de los autores que elabora un teoría al respecto es Aristóteles: su interpretación sobre la causalidad lo llevó a proponer cuatro causas que respondían a cómo se explica algo:

  • La causa material, es decir, aquello de lo que está hecho;
  • La causa formal, o un cambio en su diseño o su forma;
  • La causa eficiente, es decir, aquello que interviene para que ese elemento actúe (lo ajeno al elemento u objeto en sí);
  • La causa final, o el propósito de ese objeto.

Por otra parte, y más adelante en el tiempo, David Hume cuestionó duramente este concepto en su rasgo más esencial, es decir, en la noción de conexión casi obligatoria que existe entre una causa y su efecto.

Esto lo ubica contra autores como Locke, e incluso Descartes: afirma que, si bien hay situaciones donde hay una causalidad, esto habla más del vínculo entre dos elementos que de la causalidad en sí. Por ejemplo, si vemos nubes grises y luego llueve, no es la causalidad, sino un hecho empírico. A grandes rasgos, afirmaba que la causalidad era un fenómeno que escapaba a nuestro entendimiento.

David Hume
David Hume cuestiona la noción de causalidad a partir de un ejemplo de cómo, si vemos nubes grises, el hecho de que es por potencial lluvia no es causalidad, sino un mero hecho fáctico.

Tipos.

Existen diferentes tipos y manifestaciones de la causalidad. Dos de los más relevantes son la causalidad directa, en la que no intervienen elementos por fuera que puedan alterar esa relación de causa y efecto. Es, en cierto sentido, una dinámica sustentada en una interacción sin factores que puedan desviar el efecto esperado.

Otro tipo es la causalidad indirecta, aquella mediante la cual deben intervenir otros elementos para que ese resultado se produzca. Esto puede interpretarse de otro modo, que es señalando que el vínculo entre la causa y su efecto, si bien es una relación necesaria, no es suficiente.

Su uso en diferentes áreas.

La palabra causalidad adquiere significados específicos en función de la disciplina o área de saber donde se utiliza.

Por ejemplo, si se considera en relación con las ciencias como la física, la causalidad como el vínculo entre causa y efecto es lo que da las bases para la constitución de leyes de la naturaleza. Esto propone un vínculo inalterable, específico y, en ocasiones, universales de los eventos naturales.

Física
La causalidad es útil para la construcción de leyes y principios, como que la materia cambia y se transforma (como un cubo de hielo que se derrite y se evapora), no se destruye.

Existen diferentes propuestas que, hasta la fecha, continúan siendo sostenidas. Una es la ley de conservación de la materia, que sugiere que esta no se construye ni se destruye, sino que se transforma. También es conocida como la ley de Lomónosov-Lavoisier

Otra de ellas es la primera ley de Mendel: también conocida como ley de uniformidad de los híbridos, indica que al cruzar dos individuos de raza pura de dos especies distintas, su descendencia es física y genotípicamente idéntica entre sí.

En otra disciplina como la psicología, la causalidad es interpretada también como un vínculo entre fenómenos, pero puede clasificarse en diferentes grupos. Veamos algunos de ellos a continuación:

  • Monocausalidad en una dirección
  • Monocausalidad encadenada: una causa genera un efecto, y este efecto se transforma en una causa que genera un efecto.
  • Policausalidad en una dirección (es decir, múltiples causantes para un único efecto)
  • Acción recíproca: múltiples causas que impactan en diferentes direcciones pero que, eventualmente, también impactarán sobre sí mismas.

Además, si se la considera en su relación con la conducta, encontramos que esta puede verse motivada por diferentes factores. Estos pueden ser eventos inherentes o intrínsecos a la historia de ese sujeto, pero también puede haber hechos del contexto que lo rodea y, también, del contexto social en el que se encuentra en un momento y tiempo determinados.

Así, la causalidad en su comportamiento puede manifestarse mediante causas directas o próximas, que intervienen directamente en su conducta. También, encontramos causas conscientes, o aquellas inconscientes, que aluden más bien al modo en el que se realiza una acción.

Conducta humana
La causalidad puede utilizarse en psicología para indicar cómo la conducta de una persona puede verse influida por eventos como su historia, su contexto social o cómo ha aprendido a comportarse en su entorno.

Finalmente, encontramos causas vinculadas con su aprendizaje, en tanto en cuanto miembro de un contexto social. Esta persona puede haber aprendido determinadas pautas de comportamiento que pueden ser conscientes o no.

Por último, la causalidad estadística es empleada para señalar cómo se establece un vínculo entre dos variables que son analizadas. Aunque dos elementos puedan estar vinculados, no siempre es posible a primera vista determinar cuál es ese vínculo.

Por este motivo, es importante determinar cuál es el lazo que las une: es posible, en ocasiones, que aunque dos variables estén vinculadas, pueda tener que ver con la acción de un tercer elemento que no está contemplándose.

Este concepto es relevante en esta disciplina ya que, muchas veces, es utilizado como sinónimo de correlación: este término señala el vínculo entre una variante A y una B, lo cual no implica que una cause la otra. Es decir, puede haber correlación sin que haya causalidad.

Citar este artículo

Fernández, A. M. (30 de agosto de 2023). Definición de causalidad. Historia, rasgos y tipos. Definicion.com. https://definicion.com/causalidad/