En la vida todo el tiempo estamos sacando conclusiones a partir del análisis de ciertas premisas. Esto es un proceso cerebral que hacemos casi automáticamente, pues para lograrlo necesitamos contar con ciertos conocimientos previos. Esta forma de procesar la información se denomina inferencia. Se trata de un razonamiento lógico que permite concluir que si “x” cosa, entonces, “x” otra. Es decir, hacer una conclusión a partir de un análisis y una interpretación de una situación anterior.

Por ejemplo, Juan llega a su casa después de salir del colegio. Al entrar descubre que, sobre el respaldo de la silla del comedor, está colgada la chaqueta de su madre. Lo observado lo hace inferir que su madre salió antes del trabajo y que ya está en el hogar. Por lo tanto, corre a buscarla y contarle cómo estuvo su jornada en la escuela. Lo que hizo Juan fue interpretar ciertas premisas, ciertas ideas, y, a partir de ellas, arribar a una conclusión. Es decir, unió la premisa “chaqueta de mamá” + “está en casa en un horario diferente a lo habitual” = “mamá está en casa”.

Como tal, la inferencia es el motivo de estudio de la lógica. Gracias a la capacidad de inferir es que el hombre puede comprender, interpretar y explicar el mundo que lo rodea. Un dato importante sobre este vocablo es que, si las inferencias son válidas, es decir, son verdaderas, afirmamos que la implican. Pero puede ocurrir que no sean válidas, es decir, que sean falsas. En eso avanzamos líneas más adelante. Por el momento, basta con saber que la lógica estudia los fundamentos a partir de los cuales ciertas inferencias son aceptadas y otras no. Y, además, analiza cómo es que se da esta evaluación mental que permite relacionar expresiones o ciertas abstracciones que nada tendrían en común, si no fuera por la implicación lógica que nuestro cerebro hace para darles sentido. O sea, para hacer una conclusión. 

Origen de la palabra inferencia.

La palabra inferencia es utilizada, en inglés, desde 1590 y deriva del latín medieval inferentia. Se cree que procede del latín inferens. Etimológicamente, está formada por los léxicos in– que se interpreta como “hacia adentro”, ferre que refiere a “llevar” y el sufijo –ia que equivale a “cualidad”.

el origen de la inferencia
Analizar e interpretar lo que ocurre permite crear conclusiones.

Entonces, refiere a la acción o al proceso que realizamos al concluir en algo luego de efectuar un análisis del conjunto de premisas que se presentan. Asimismo, alude a “llevar dentro”, por lo que entendemos que inferir es extraer algo nuevo desde el interior.

Cómo se forma la inferencia.

La inferencia se forma a partir de deducir el sentido implícito de un enunciado. Para ello es necesario poner en juego los conocimientos previos, es decir, la enciclopedia mental que todas las personas tenemos instalada en nuestros cerebros. Activar estos saberes previos nos permitirá interpretar las premisas que se nos presentan en el contexto y sacar conclusiones propias. O sea, inferir algo.

Cada vez que hablemos de inferencia tenemos que entender que es leer el mensaje implícito de cada situación. Y, además, de la capacidad del individuo de analizar la información explícita que se ha dicho o comunicado de alguna manera. Puede presentarse en forma escrita, oral o a través de cualquier otro proceso de comunicación.

Asimismo, se afirma que la inferencia es el proceso de establecer conclusiones a partir de argumentos que se pueden comprobar. Sin embargo, la acción de inferir a veces hace que alguien observe una situación y haga conclusiones apresuradas, lo que resulta más complejo el poder aseverar. Por ejemplo, María ve que de la casa de su vecino sale un sujeto por la ventana, entonces infiere que está escapando después de robar. Sin embargo, se trata en realidad de su vecino que, al no encontrar la llave de la puerta de entrada, no le queda otra opción que salir por la ventana que da a la calle.

Elementos de la inferencia.

Para que exista una inferencia deben estar presentes ciertos elementos y, además, procesos lógicos que no son más que razonamientos mentales. Vamos a ver cada uno de ellos.

  • Premisas: ideas o expresiones que se manifiestan en forma explícita.
  • Análisis: en este punto no existe duda de los datos, sino que estos aportan para la nueva construcción.
  • Conclusión: interpretaciones de lo implícito, es decir, de lo no dicho que deriva en una información nueva.

Reglas de la inferencia.

Como toda situación que proviene de un proceso mental, tiene sus propias reglas.

  • La información brindada no debe repetirse.
  • Los datos solo sirven para elaborar deducciones.
  • La información dada debe ser comprobable (aunque a veces esto no ocurre).
la inferencia se forma en la mente
La acción de inferir permite al hombre sacar sus conclusiones sobre la realidad que observa.

Tipos de inferencia.

La inferencia posee una clasificación que se divide en tres tipos: inducción, deducción y abducción.

Inferencia inductiva.

La inferencia inductiva es aquella conclusión que se basa en información o argumento que, si bien está disponible, el resultado final no funciona como una verdad en sí misma o absoluta. Por ejemplo, decir que todos los perros tienen cuatro patas y, por ello, decir que Juan tiene un perro como mascota. Si bien podemos afirmar que Juan tiene un perro como mascota, eso es solo una probabilidad, pues si solo digo que posee cuatro patas, podría ser también un gato.

Interferencia deductiva.

La inferencia deductiva se caracteriza por ser una conclusión que tiene como base premisas verdaderas y, por lo tanto, comprobables. Por ejemplo: los cítricos son ricos en vitamina C, entonces la naranja es un cítrico. Aquí podemos ver que los resultados, es decir, la conclusión, es certera, pues la naranja posee altos índices de vitamina C.

Inferencia abductiva.

La inferencia abductiva es vista como una hipótesis, una sospecha. Su objetivo es explicar una o varias premisas. Por ejemplo, la hija de Pedro tiene 5 años y aún no habla. La hija de Pedro es sordomuda.

La validez de la inferencia
La inferencia arroja conclusiones que pueden ser aceptadas o no.

Validez de la inferencia.

La validez de la inferencia es uno de los puntos más importantes de este vocablo, pues no siempre se apoya en la verdad o en la falsedad de las premisas. Más bien, su base está en el razonamiento capaz de conectar dichas premisas y hacer nuevas conclusiones.

Es por ello que se dice que se pueden obtener resultados (o conclusiones) tanto verdaderas como falsas.

Para qué sirve la inferencia.

La inferencia sirve para interpretar el mundo que nos rodea. Se basa en los conocimientos previos que posee un individuo, lo que le permite deducir algo nuevo, es decir, hacer conclusiones que, dependiendo de las premisas, podrán ser verdaderas o falsas.

Asimismo, brinda la posibilidad de interpretar datos. Por lo tanto, es un alimento para el cerebro y los procesos mentales que realizamos a diario, ya que inferir es algo que hacemos constantemente. Es por ello que muchos psicólogos afirman que la mente del hombre es una máquina perfecta que realiza inferencias sin descanso.

Llegamos a la inferencia a través de la lectura, el estudio y las vivencias personales. Esto nos permite cargar de información a nuestra enciclopedia mental, la misma que se activa a la hora de “leer” las señales o las premisas que se presentan en el contexto. Asimismo, posibilita realizar predicciones o poder anticipar causas y efectos. Lo que se traduce como un anticipo a situaciones no deseadas.

Nuestro cerebro funciona como si fuera Sherlock Holmes, pues desde que abrimos los ojos hasta que los cerramos, todo el tiempo estamos construyendo conclusiones a partir de los datos que nos brinda la experiencia. Estimular este tipo de razonamiento lógico permite a la persona saber leer las realidades que se presentan y así establecer las acciones a seguir.

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Navicelli, V. (14 de diciembre de 2021). Definición de inferencia. Cómo se forma, elementos y reglas. Definicion.com. https://definicion.com/inferencia/