La palabra pecado refiere a un pensamiento, palabra o acto que, según determinada perspectiva religiosa, es considerado contra la voluntad de Dios, los preceptos o la deidad que corresponda a cada caso.

Además, se le dice estar en pecado a estar en situación de haber pecado y no haber recibido el perdón.

Se usa la palabra pecado para referirse en términos generales, de modo coloquial, a aquellas acciones consideradas erróneas o incorrectas, o que pueden traerle malas consecuencias a la persona que las hace.

Vino, pecado, vuelque.
Si se cae un vino rico al suelo, se podrá decir que es un pecado.

En este mismo ámbito, se le llama pecado a cualquier acción o cosa considerada como lamentable. Sobre todo, cuando supone un desperdicio. Por ejemplo, si dijéramos que usar un vino muy caro y rico para cocinar es un pecado.

Etimológicamente, pecado viene del latín pecco, cuyo significado es tropezar y del que se desprende cometer una falta.

El pecado en la teología moral.

En el ámbito que concierne a la teología moral, el pecado es toda acción mala, o toda omisión culpable de un acto bueno obligatorio.

O sea que se le dice pecado a cualquier cosa que se aparte de lo que se considera correcto y justo, pero también a aquello que le falta a lo que se debería hacer.

Para la religión y sus parámetros morales, un pecado es un delito contra la moral, que implica transgredir voluntariamente las normas o los preceptos de la religión.

Pecado original, bautismo, Adán y Eva.
Según el cristianismo, el pecado original es parte intrínseca de los seres humanos, por eso entre otras cosas el bautismo.

Como las normas y los preceptos son muchísimos, también son muchísimos los pecados en los que es posible incurrir. Cada uno tendrá, según las diversas creencias, distintos grados de castigo, de acuerdo con la gravedad de la falta. Incluso puede no haber castigo alguno.

El pecado en las tradiciones judeocristianas.

Para las religiones englobadas en el amplio espectro judeocristiano, el pecado es el alejamiento del individuo de la voluntad de Dios.

Hay algunas diferencias básicas y fundamentales en los abordajes que se desprenden a partir de esta noción:

  • Para el judaísmo, no hay un pecado general y subyacente en las acciones de los seres humanos, sino que se trata de transgresiones mediadas por la objetividad, concretas y cometidas voluntariamente. Esto deja fuera tanto al pecado original como a los pensamientos o intenciones, que al no ser concretas (o sea, al no devenir en acciones específicas) no se consideran pecado.
  • Para el cristianismo, y a partir del Nuevo Testamento, hay una naturaleza de tipo pecaminoso en todos los seres humanos, que se hereda directamente de la transgresión original cometida por Adán y Eva. Según esta perspectiva, además, los pensamientos y las intenciones también son afectadas por la naturaleza pecaminosa. En este sentido, no hay forma de superarlo ni aún siguiendo la Ley de Dios, lo que implica que solo la sangre de Jesucristo puede expiar las culpas individuales, así como el pecado genérico. Esto se alcanza teniendo fe en Cristo y regenerándose espiritualmente mediante el bautismo.

Pecado original.

El pecado original es también llamado pecado ancestral. Se trata de una doctrina cristiana en la que la humanidad se encuentra cautiva de un estado pecaminoso como consecuencia de la caída de la humanidad, que se originó por los actos rebeldes de Adán y Eva en el Jardín del Edén.

Según esta doctrina propia del cristianismo, el estado de pecado se transmite a toda la humanidad, y consiste en estar privados de la santidad y la justicia originales, que era lo que la pareja del Edén tenía en el comienzo, antes de tomar del árbol el fruto prohibido del conocimiento.

Pecado original, pecado, adán y eva, manzana, conocimiento.
El pecado original tiene que ver con desoír una orden, pero también con dejarse seducir por el conocimiento.

Aunque en líneas generales el cristianismo y sus variantes creen en esta forma del pecado, ha habido y hay a lo largo de los años muchas escuelas que se oponen a él, pues sostienen que va en contra del libre albedrío.

Pecados capitales.

Los pecados capitales son, en la jerarquización cristiana de las posibilidades de pecar de los seres humanos, los pecados más graves.

También llamados pecados cardinales o viciosos cardinales, su peligro radica en que son pecados capaces de engendrar otros pecados. En este sentido, cada uno de los pecados capitales es en esencia una agrupación categorizada de faltas humanas bajo un mismo núcleo temático.

Pereza, pecado, pecado capital.
La pereza supone una base de falta de voluntad.

La categorización de estos pecados se definió y redefinió varias veces a lo largo de la historia de la religión cristiana. Actualmente y hace miles de años, se considera que los pecados capitales son siete:

  • Soberbia: se la considera el más grave de estos pecados, pues de ella derivan principalmente también los otros. Es el deseo de ser más importante o más atractivo que el resto, sin halagar a los demás. Se presenta como un egoísmo peligrosamente corrompido, que antepone los deseos personales al bienestar del resto de los individuos. Su contraposición es la humildad.
  • Avaricia: es un pecado de exceso. Particularmente, se caracteriza por ser un deseo vehemente de tener muchas más riquezas de las que se necesitan para la satisfacción de las propias necesidades. Se opone a la generosidad.
  • Lujuria: se considera el pecado que se produce por los pensamientos en exceso de cosas sexuales, o por un deseo sexual que está en desorden o no se puede controlar. En este punto también entran el adulterio y el abuso sexual. Su contrapartida es la castidad.
  • Ira: es una emoción descontrolada y desordenada de sentimientos como el odio y el enojo. Puede manifestarse como una negación obstinada de la verdad ante uno mismo y ante el resto del mundo, o de otras formas. Por ejemplo, los deseos de venganza impaciente, que llevan a saltearse los modos correctos de avanzar frente a una injusticia. Se contrapone, justamente, a la paciencia.
  • Gula: es identificada con la glotonería, que es el consumo en exceso de comidas y bebidas. Anteriormente, sin embargo, todas las formas del exceso iban a caer a esta categoría de pecado. Suele tener incluidas ciertas formas del comportamiento que son autodestructivas, como el abuso de sustancias. Su contraposición es la templanza.
  • Envidia: es otra forma de deseo insaciable. En este caso, se trata de desear algo que tiene el otro, que puede ser bien un objeto concreto como una cualidad o algo más abstracto. En general, el deseo de tener algo que tiene el otro se entremezcla con la fuerte y dolorosa percepción de que uno mismo no tiene eso, algo que se percibe personalmente como injusto o indebido, desde un punto de vista egocéntrico y que en última instancia hace que se le desee el mal o bien se celebre el mal del otro. Del otro lado de la envidia hay caridad.
  • Pereza: la pereza o el ocio es una tristeza del ánimo que aparta a la persona que cree en Dios de sus responsabilidades de carácter espiritual o divino, por las dificultades que se encuentran en el camino hacia esto. Se opone a la diligencia.

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Krause, G. (3 de enero de 2023). Definición de pecado. Teología, tradiciones, pecado original y pecados capitales. Definicion.com. https://definicion.com/pecado/