La moral puede ser definida como el conjunto de prácticas y leyes que se consideran adecuadas para que las personas de una comunidad sean conducidas al bien. En el hecho de establecer las pautas adecuadas, la moral se constituye a sí misma como el criterio que permite distinguir qué acciones son “buenas” y qué acciones son “malas”, por medio del juicio moral.

Pero es importante destacar que la moral se circunscribe a las normas y principios que rigen las vidas en un grupo social acotado, a diferencia de los planteos que surgen desde la ética, que tienen la pretensión de abarcar al conjunto entero de los seres humanos.

Las reglas de lo moral.

Los ideales y preceptos acerca de la moral son constituidos y codificados tomando como referencia a un grupo, cultura o religión; y su función principal reside en la regulación del comportamiento de sus propios miembros.

Si los miembros de una comunidad se comportan de acuerdo a los principios rectores que se han establecido para ella misma, puede decirse que la comunidad será moral, o que sus miembros se comportan de acuerdo a la moral.

Originalmente, los fundamentos de tales principios provenían de un modo casi exclusivo de mandatos religiosos. Pero con la evolución de las sociedades, puede decirse que hoy en día se han depurado al punto de asentarse en lineamientos que se muestran de acuerdo con ciertos principios sociológicos y antropológicos. De hecho, actualmente se considera que los juicios que pretenden asignar valor moral basado en comportamientos que tengan su origen en la religión se prestan a serios equívocos.

A este conjunto de normas morales se lo ha llegado a llamar “moralidad objetiva”, ya que se considera que han alcanzado el estado de hechos sociales, independientemente de que los sujetos por ellas alcanzados deseen acatarlas o no.

La moral distingue el bien del mal.
El juicio moral permite distinguir las acciones buenas de las malas.

El juicio moral.

Para el juicio acerca de la moralidad de un acto, se toma como presupuesto que los comportamientos de un individuo siempre se realizan en prosecución de ciertos fines, y dado que todo el que hace algo lo hace con un fin, si aquel se halla alineado con los criterios establecidos en su/s grupo/s de pertenencia, el acto podrá ser considerado moral.

Sin embargo, a este planteo se le realizan dos objeciones: la primera, en relación a los actos que son realizados sin conocimiento o voluntad (como podría ser un estado de conciencia alterado por alcohol, drogas o un lapsus); en segundo lugar, a aquellos en los que, si bien hay consciencia y capacidad de voluntad, son conducidos desde un estado de inercia, tradición impuesta, o, en el decir de Ortega y Gasset, desde la mentalidad de la masa.

Si hablamos específicamente del juicio, hay que aclarar que a lo largo de la historia y de las culturas, han existido diferentes formas de abordar lo moral. Por pauta general, la moral entra a jugar en ámbitos en que las resoluciones de las personas manifiestan una intención que recae sobre otros individuos.

Existen planteos de índole académica en cuanto a la posibilidad de que la moral pueda existir en un individuo que hipotéticamente carece de relación con otros, o si es aplicable solamente en el marco de lo social. En este caso parece evidente que un individuo aislado carecería del elemento comunitario que validaría (o no) los parámetros según los cuales su conducta podría ser evaluada. Pero distinto es el caso de alguien que se halle circunscripto a una sociedad, pero esté ocasionalmente a solas, en cuyo caso los parámetros están presentes y son válidos.

Las prácticas morales llevan por el buen camino.
Siempre hay distintos caminos. La moral es el conjunto de prácticas que se consideran adecuadas para que las personas sean conducidas al bien.

La condena moral.

No entramos aquí en el asunto de la valoración de cada persona sobre su propio comportamiento. Cada quién podrá tener, con mayor o menor dificultad, una sensación acerca del propio proceder. Pero la situación se vuelve más compleja cuando lo que se ha de evaluar es el juicio de los demás, y ese juicio pasa a formar parte del punto de partida de nuestras relaciones sociales. En ese marco de tan amplia versatilidad de significados posibles se establecen las relaciones con lo moral, en el corazón de la vida del ser humano.

Y de este modo puede hablarse de condena moral en el supuesto de que un individuo (o un grupo) juzgue que los actos de otro individuo (o grupo) no se condicen con los preceptos y normativas que rigen las conductas.

Esta condena puede ser explícita, en el caso de que se exteriorice en actos de comunicación literales o simbólicos; o implícita, en el supuesto en el que permanezca en el ámbito de lo privado. Por supuesto, la única condena moral implícita posible es individual.

Condena moral, juicio negativo sobre los actos.
La condena moral supone un juicio negativo sobre los actos de una persona.

Lo amoral y lo inmoral.

Entonces hay un hecho individual o grupal, que se evalúa en relación con las reglas morales, y el resultado es el juicio moral y la subsiguiente condena o aceptación. Ahora bien, este juicio puede fundarse en dos variantes:

  • lo inmoral, que hace referencia a lo que es contrario a la moral.
  • lo amoral, que hace referencia a aquello que carece de moral.

La moral y la ética.

La ética, tal como hemos mencionado, se ocupa de los principios que han de regir la conducta humana en general. Su ámbito no es de lo individual o el de los grupos particulares, sino que busca establecer reglas morales que apliquen a la humanidad entera.

En este sentido, podría decirse que la ética es una mirada que busca profundizar en los principios de lo moral y, a partir de su estructuración y sistematización, alcanzar una moral aplicable a todos los seres humanos.

La palabra moral, en cambio, al derivar del término latín morālis, se ocupa de «lo relativo a las costumbres». Por ende, la moral se ocupa de los comportamientos observados desde el criterio de lo local.

La ética, entonces, trabaja con miras a encontrar la universalidad de un sistema moral, en el que los juicios no sean ya relativos o subjetivos, sino que puedan aplicarse con eficacia a cualquier hombre racional (por supuesto, con la salvedad hecha en el apartado del juicio moral en cuanto a la capacidad de acción libre y voluntaria de ese hombre racional).

De este modo, se busca el acuerdo sencillo y seguro en cuanto a los comportamientos que agreguen bienestar a las personas, y en cuanto a aquellos capaces de causar alguna consecuencia inconveniente, para así, de este modo, procurar la repetición de los primeros y la evitación de los segundos, con miras al desarrollo de una mejor humanidad.

Teoría del desarrollo moral.

Se trata de una teoría desarrollada por el psicólogo Lawrence Kohlberg, que postula que en la evolución de los modos de razonamiento moral existen distintas etapas, y que el desarrollo del pensamiento va de procesos mentales centrados en lo concreto y lo observable hacia lo abstracto y general. Esto quiere decir que el grupo de personas al que deseamos el bien se puede ir haciendo cada vez más grande, al punto de incluir a quienes no hemos conocido. El círculo ético se vuelve cada vez más amplio e inclusivo.

Kohlberg fue un psicólogo estadounidense, que nació en 1927, y dedicó gran parte de su trabajo en la Universidad de Harvard a indagar el modo en el que las personas razonan en problemas de tipo moral. Su teoría del desarrollo moral fue estructurada en seis niveles posibles.

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Lehrer, L. (6 de enero de 2022). Definición de moral. Reglas, juicio, condena y diferencias con otros términos. Definicion.com. https://definicion.com/moral/