Se emplea la palabra idea para hacer referencia a una representación de carácter mental que puede provenir de diversas fuentes, tales como el recuerdo, el razonamiento o incluso de la imaginación de un individuo. Dentro del marco genérico que la idea incluye, recaen desde las representaciones más elementales hasta aquellas extremadamente precisas, refinadas y altas.

Cuando entramos en el terreno de la conciencia y su actividad, muchas veces la claridad que poseemos como especie no está igual de desarrollada como en otros ámbitos, a saber: avances tecnológicos, capacidad de construir autopistas y rascacielos, viaje al espacio exterior u otras tantas. Es que si bien se ha inventado la maquinaria que permite examinar el cerebro (como la encefalografía, la tomografía por emisión de positrones o la resonancia magnética funcional), lo que sucede en la conciencia día a día, segundo a segundo, sigue siendo un misterio para la mayoría de los seres humanos.

Quizás estemos realizando una actividad puntual como estudiar, o ver televisión, o incluso conversar con alguien, y en nuestro cerebro surge otra cosa. Una idea. Se trata de un fenómeno bastante habitual, de hecho ha de ocurrir varias veces por minuto. Ahora, ¿de dónde salió esa idea y qué hace que nos quedemos pensando en ella? Podemos ver que algunos pensamientos parecen ser conducidos por nosotros mismos hacia un norte o una meta (por ejemplo, el diseño de una estrategia de venta para la empresa, un plan para que alguien cuide a nuestros hijos el sábado a la noche o la decisión de qué película ver). Pero hay otras que aparentan ir en piloto automático, como si de un recuerdo nos llevaran a otro parecido, después se nos ocurre otra cosa, y estamos –mientras seguimos asintiendo distraídamente a nuestro interlocutor– dando vueltas en una calesita.

Idea, representación mental.
Una idea es una representación de carácter mental que puede provenir de diversas fuentes.

Bien, en una interpretación amplia la idea es aquella representación que tiene lugar en nuestra conciencia. Pero sirva el apartado anterior para que veamos cuán grande es esta acepción, cuántas cosas diferentes pueden agruparse bajo este nombre: desde lo más elemental hasta, en algunos casos excepcionales, algo que se acerca a las ideas puras, a los arquetipos.

Resulta interesante el examen etimológico del término, ya que su origen podemos hallarlo en el término griego idea, que deriva, a su vez, del latín uideo, y apunta al hecho de ver. Otra interpretación se entiende como “yo vi”. Esto refuerza la línea de que se trata de aquello que vemos en nuestra conciencia.

Platón y las ideas.

El destacado filósofo griego Platón desarrolló la Teoría de las ideas, en la que se refiere a las ideas como entidades que residen en otro plano, el mundo inteligible, y son fuente exclusiva de conocimiento verdadero.

Las ideas platónicas son absolutas, perfectas, inmateriales, infinitas, eternas e inmutables. A la vez, se vinculan con la dimensión material, que es perecedera e imperfecta. De este modo se plantea una situación de dualismo ontológico.

Platón, filósofo griego.
El filósofo griego Platón desarrolló la Teoría de las ideas.

La alegoría de la caverna.

Para explicar esta relación que hay entre los dos universos referidos (el mundo sensible, al que se accede por medio de los sentidos; y el mundo inteligible, materia de conocimiento puro), Platón se vale de una metáfora que incluye en el libro VII de «La República». En este relato, Sócrates sugiere a Glaucón que se imagine a un grupo de personas encadenadas, desde la infancia, dentro de una caverna, mirando a un muro. Hay un fuego encendido que proyecta sombras sobre el muro, las sombras de unos objetos manipulados por otra gente y que los prisioneros no pueden ver.

Sócrates afirma, entonces, que los cautivos piensan que lo que están observando es el mundo real, y que no se dan cuenta de que sólo perciben las sombras de diversos elementos. Luego narra que uno de los prisioneros logra soltarse de sus cadenas y escapar. Al observar la luz del fuego, sin embargo, es tanto el resplandor que le ciega que, por poco, lo impulsa a retornar a la oscuridad.

El sujeto, de todos modos, logra contenerse y se acostumbra a dicha iluminación, avanzando a pesar de la dificultad. Conquista el exterior y observa los reflejos, así como las sombras de elementos e individuos a los que termina mirando directamente. Por fin, el hombre mira la luna, las estrellas y el sol. Aquí Sócrates afirma que el individuo ha concebido ya al universo exterior (el mundo inteligible), como un plano superior. Y es en este punto que decide regresar, a fin de compartir con sus pares de la caverna lo que ha descubierto, ya que se ve impulsado a ayudarles en el camino de ascender al ámbito real.

Pero en su retorno no consigue distinguir bien en la oscuridad de la cueva, ya que sus ojos están acostumbrados, ahora, a la luz verdadera. Sus compañeros creen que la aventura lo ha perjudicado y prefieren no acompañarlo afuera. En esta instancia, Sócrates asegura, con visión profunda, que los prisioneros harían lo que fuera necesario para evitar la travesía, llegando incluso a matar a aquel que se atreva a intentar liberarlos.

Idea como intuición súbita.
Una idea puede ser una intuición súbita, una creencia o un pensamiento que circula por nuestra conciencia.

La amplitud del concepto.

Habiendo recorrido el modelo de Platón, tenemos el extremo más alto de las acepciones que pueden recaer dentro de lo que es una idea. En nuestra conciencia podemos experimentar directamente la idea de la luna, del sol o de las estrellas, como hizo el prisionero que sostuvo el fuego y logró salir a la luz del día, o tener pensamientos circulares, cotidianos y más bajos, que ondulan en nuestra conciencia así como lo hacían las sombras de los objetos contra el muro de la caverna.

Pueden surgir en nuestro espacio de conciencia una intuición súbita, con la fuerza relampagueante de la verdad, o los mismos pensamientos corrientes, que se enciman unos a otros, como los animales que son llevados en un camión al matadero o los videos fugaces de cualquier red social.

También se utiliza esta palabra, en ocasiones, en el sentido de una creencia. Se habla de ideas políticas, ideas religiosas e ideas sociales, como algo a lo que una persona podría adherir. En este caso, podría decirse que, más bien, lo que se genera es un conjunto de ideas reunidas a partir de un núcleo común. Y esto suele darles una fuerza mayor.

El filósofo Ortega y Gasset se ha referido al asunto, afirmando que las ideas y las creencias son todo lo que a una persona se le pasa por la mente y las asimila con toda actividad mental a diferencia de la realidad inmediata exterior. Y dice que, en tanto son esencialmente idénticas, las ideas y las creencias sólo se distinguen por la relación que se establece con ellas. Los seres humanos tenemos ideas que bien pueden ser recuerdos, pensamientos o imaginaciones, pero también contamos con creencias, que serían pensamientos que se han heredado y están asumidos de tal modo que no se repara ya en ellos.

El filósofo cita el ejemplo de la acción de caminar, en la que ni nos planteamos a ver si el suelo va a mantener su firmeza debajo de nuestros pies, sino que creemos que será así. Lo damos por hecho. Ortega y Gasset afirma, en este sentido, que precisamente por tratarse de creencias radicalísimas pasamos a confundirlas con la realidad misma, y pierden, de este modo, el carácter de meras ideas, de pensamientos propios que podrían ocurrírsenos o no.

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Lehrer, L. (7 de abril de 2022). Definición de idea. Su origen, amplitud del concepto, la teoría de las ideas de Platón. Definicion.com. https://definicion.com/idea/