Se utiliza el término relato para hacer referencia al resultado de la acción de relatar, es decir, de referir uno o más hechos, que pueden ser verídicos o ficcionales, en el marco de una historia.

El verbo relatar encuentra su origen etimológico en el latín y se compone de re– («volver a») y –lat («llevar», «traer»), expresiones que hacen alusión a poner ciertos hechos al conocimiento de alguien. Dicho sujeto puede conocerlos de antemano o no, sin que cambie lo sustancial en la acción. Proviene del verbo latino refero. Sucede algo peculiar con fero, y es que se trata de un verbo que puede presentar variantes modificadas, muy diferentes de su raíz. Otra de ellas es –latum. Así, han llegado a nuestros días dos de ellas: referir y relatar.

Entonces, en la acepción más general, cada vez que una persona le cuenta algo a otra lo hace por medio de un relato. Es una actividad absolutamente cotidiana y tan esencial al ser humano, que sucede muchas veces a lo largo de una jornada. Tiene lugar cuando alguien nos describe algo que le pasó, cuando estamos en un almacén y escuchamos una conversación entre dos individuos que comparten algún suceso o anécdota, o incluso se emplea este nombre técnico cuando un testigo le manifiesta a la policía su versión de un determinado episodio o en el inicio de una demanda judicial.

Pero, además de esta forma general de acercarnos al concepto de relato, existe una específica, que está muy asociada con el ámbito de lo literario. En este sentido, el relato es una narración de hechos, que puede ser tanto ficcional como verídica, y de una extensión superior a la de los cuentos pero inferior a la de las novelas.

Hay muchos debates en cuanto a lo que distingue un relato literario de uno cotidiano y espontáneo. Lo cierto es que la cuestión va al centro de lo que es el arte mismo. En general, el relato literario parte de una intención artística, de una búsqueda en el modo preciso en el que esa historia pide ser contada. Incluso en los casos en los que las palabras son despojadas y aparentemente no hay énfasis estético alguno (que no deja de ser otro tipo de intención estética).

Relato alrededor del fuego.
Desde tiempos inmemoriales la gente se ha reunido alrededor de un fuego a escuchar relatos.

Características del relato literario.

A partir de este carácter intermedio, entre el cuento y la novela, en cuanto a la duración de la obra, se desprenden, también, otras características propias del género. Por ejemplo:

  •  La trama no necesariamente se tiene que tensar de un modo tan absoluto como en el cuento, pero, si bien se admiten ciertas digresiones, tampoco puede ahondarse en temas periféricos con la libertad que posibilita la novela.
  •  Los cuentos, en general, pivotan en torno a algo que le sucede a un personaje. En algunos casos, hay cuentos de mayor construcción que van hacia atrás, abarcando la vida entera, pero, si bien otros personajes naturalmente se ven integrados en la historia, el centro de gravedad nunca se mueve mucho de dicha figura principal. En las novelas hay una amplitud que invita a ir de un lado a otro, de un tiempo pasado al presente o al futuro. Se puede contar a partir de escenas que aparentemente están desconectadas. El relato está en la mitad. Si leemos un texto como «Los Muertos«, de James Joyce, o los relatos de la autora canadiense Alice Munro, veremos que las tramas presentan un grado de densidad alto, y, sin llegar a definirse como novelas, son decididamente más robustos que los cuentos.
  •  Otra característica del relato es que no se ve atado con tanta tenacidad al modelo de introducción–nudo–desenlace. Los cuentos, por lo general, responden a este lineamiento. Y por eso es tan común que concluyan en un final contundente. Aunque ha surgido una variante llamada “cuento de atmósfera”, que se permite finales que se desdibujen de un modo más natural, acercándose, si se quiere, algunos peldaños a la esfera del relato. Uno de sus primeros exponentes en la literatura occidental fue Antón Chejov, quien afirmaba que, para él, dado que la vida es un continuo que precede a las historias y prosigue después de ellas, no hay razón alguna para terminar los cuentos de un modo abrupto, como si la existencia entera terminara.
Relato fantástico.
El relato literario parte de una intención artística; hay distintos tipos, según el género al que pertenezcan, por ejemplo, el relato fantástico.

Clasificaciones de los relatos literarios.

  • Escrito u oral: en la medida en que toda vez que se refiera un acontecimiento habrá un relato, no hay razón para circunscribir los mismos al ámbito de la palabra escrita. De hecho, desde tiempos inmemoriales la gente se ha reunido alrededor de un fuego a escuchar historias. Y la tendencia del relato oral sigue absolutamente vigente hoy en día, siendo la narración un tipo de arte valioso en sí mismo.
  • Verídico o ficticio: no hay ninguna obligación de que algo sea inventado en orden a que sea considerado un relato. En el mundo del arte mucho se juega en los grises, y hay autores consagrados que han escrito la mayor parte de su obra en el formato de crónicas (hechos verídicos) o en el de la autoficción (base principal de hechos verídicos y autobiográficos, pero con elementos ficcionales). Amélie Nothomb, por ejemplo, es una autora belga que se ha destacado en el terreno de la autoficción.
  • Según los géneros literarios: así como hay cuentos policiales, cuentos de ciencia ficción o cuentos históricos; y así como lo mismo ocurre con las novelas, puede haber relatos que se inscriban en diferentes géneros, según el tema que aborden y el modo de hacerlo. Y si bien una enumeración exhaustiva de los mismos sería imposible por definición, podemos destacar, entre los más renombrados: relatos de ciencia ficción, relatos de aventuras, relatos policiales, relatos de problemática social, relatos de amor, relatos históricos, relatos de humor o los relatos de misterio, de miedo o terror.
  • Según el modo de narrar (lo formal): hemos visto que la característica principal de un relato es el hecho de contar una historia. Los autores y autoras, en busca de la novedad y lo creativo, siempre están interesados en correr los límites de lo posible. Su inquietud es: ¿de qué forma podría decirse esto que no haya sido incursionada antes? Y así es como se van ensayando diversos modelos. Ejemplos de ello podrían ser el relato en primera persona, en el que un personaje nos cuenta “desde adentro”, desde su vivencia interna y tal como él o ella percibe los sucesos; también está el relato enmarcado, en el que un personaje le refiere a otro una historia (se habla de “marco” porque este segundo personaje, en general, no interviene en el argumento y es, más bien, una especie de excusa para el decir); existe el relato en forma de carta, ya sea en una misiva larga o en una serie de intercambios epistolares reunidos; se encuentra el relato en formato de un diario personal, o un fragmento de él, en el que se accede a las vivencias de un personaje pero acotadas y de un modo diferente a la primera persona tradicional; o, en línea con lo que se comentaba acerca de empujar los límites, hay relatos que se componen sirviéndose e imitando las maneras de intercambio social que las nuevas tecnologías y aplicaciones brindan. Al ser algo tan inherente a la naturaleza humana, es de esperarse que el relato avance con la vida y sus movimientos, sea a donde sea que estos vayan.
Relato literario, entre el cuento y la novela.
El relato literario está en el medio, entre el cuento y la novela.

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Lehrer, L. (20 de febrero de 2022). Definición de relato. Las características del relato literario y sus clasificaciones. . Definicion.com. https://definicion.com/relato/