Cuando hablamos de recursos literarios nos referimos a un modo específico de emplear el lenguaje a fin de generar un efecto en el lector.

A veces se comente el error de encasillar estas herramientas en los textos artísticos, pero lo cierto es que se los usa en casi todos los ámbitos: laborales, políticos, etc. De hecho, los discursos políticos (o cualquier mensaje que busque generar un efecto concreto en el destinatario) estará, muy probablemente, nutrido de este tipo es expresiones.

Y, si vamos un paso más allá, al considerar que el lenguaje es, en definitiva, el medio que empleamos no solo para escribir sino también en numerosos actos comunicativos –e incluso para pensar– veremos que gran parte del tiempo nos rodean los recursos literarios. Por describir una posibilidad: cuando una persona nos refiere algo intenso que le sucedió y usa la expresión “me cayó como un balde de agua fría”, se está valiendo de un recurso literario llamado símil (o comparación), para tratar de transmitirnos una experiencia más directa y completa de lo que sintió.

En este ejemplo tan simple podemos ver la potencia que poseen los recursos literarios y el porqué de su uso. Si este sujeto nos dijera “fue muy duro para mí”, entenderíamos lo que nos quiere decir y el acto comunicativo estaría completo. Pero si lo medimos con el símil, falta algo… ¿o no?

La mayoría de las veces, estos recursos se emplean de una manera automática. Hemos aprendido cómo comunicarnos por imitación –de nuestros antecesores, docentes, pares, libros o medios– y reproducimos esta forma casi sin darnos cuenta. Lo interesante de empezar a ponerle nombre a las cosas es que nos brinda la posibilidad de emplearlas a voluntad, y eso es lo que hacen, entre otros, escritores y escritoras.

Los recursos literarios transmiten experiencias más vivas.
Los recursos literarios son utilizados para transmitir una experiencia más viva y generar un mayor efecto.

Aplicación de los recursos literarios.

En el terreno de la literatura, los recursos estilísticos o figuras retóricas son un objeto de atención constante, ya que lo que se busca no es solo contar algo que sucedió sino, precisamente, generar un efecto en el lector. Pero no es la abundancia de giros lo que conforma a una obra artística. El juego pasa por la calibración precisa de las palabras, de modo tal que lo que se pretende expresar quede plasmado del modo más claro, bello y preciso posible.

En este punto surge un planteo interesante en torno a la originalidad y al lugar común. Todo recurso literario tuvo una primera vez, cada comparación, cada metáfora, cada hipérbaton fue inicialmente nombrada. Por ejemplo, debe haber existido alguien que alteró por primera vez el orden que naturalmente surgiría para una frase. Quizás habrá dicho: “un paseo a caballo te invito a dar” o “rosada está esa estrella hoy”. En ese momento todavía no se llamaba a aquel movimiento hipérbaton, pero luego, con la reiteración de este fenómeno, surgió la necesidad de agruparlo, catalogarlo y ordenarlo.

Los recursos literarios, entonces, son categorías de usos o expresiones del lenguaje que generan un efecto en el receptor, y han sido enmarcadas en diferentes clasificaciones.

Con respecto al lugar común, podemos decir que hay ciertos recursos que, por la reiteración al aplicarlos, han sufrido una especie de desgaste, y en vez de acrecentar su efecto lo que hacen es perder potencia. Si se quiere describir el vestido blanco que tiene la protagonista de una historia, y dice que era “blanco como la nieve”, a quien lea o escuche la frase seguramente le resultará vacía o muy trillada. Por eso, el desafío a la hora de utilizar recursos literarios pasa por lograr que el texto (el mensaje) esté lo más vivo posible.

Ejemplo de metáfora: Sol, anillo de oro.
«El anillo de oro en el horizonte,» podría ser una metáfora para referirse al sol.

Ejemplos de recursos literarios.

Hay diversos modos en los que estas categorías de recursos han sido organizadas. Lo importante es saber lo que son, y que su orden varía de acuerdo a múltiples parámetros. A continuación se presenta un listado breve de los recursos más destacados (aunque siempre podemos ampliar lo que hasta ahora fueron las maneras de decir).

  • Metáfora: La metáfora es un recurso que se apoya en la referencia por semejanza para enriquecer la sensación de un concepto. La fuerza de la metáfora, cuando está bien empleada, puede ser brutal. “Miré en la noche de sus ojos”, por proponer una opción, es una frase que nos dice mucho más de lo que una explicación podría lograr. 
  • Comparación o símil: Como mencionamos, éste es un recurso que se emplea para enfatizar las características similares que existen entre elementos, pero, a diferencia de la metáfora, lo hace apoyándose en un nexo gramatical explícito, que sería la palabra “como”. Retomando el ejemplo anterior, podríamos decir: “sus ojos oscuros como la noche”. Puede apreciarse que la potencia del efecto es menor.
  • Hipérbole: Se trata de un recurso que se vale de la exageración para enfatizar una idea o un concepto. Si unos niños, después de haber jugado toda su vida en el patio de la escuela, llegaran a un campo de fútbol profesional por primera vez y uno le dijera a otro: “ese arco es más grande que la escuela”, estaría, probablemente sin saberlo, empleando la hipérbole.
  • Hipérbaton: También lo hemos mencionado. Este recurso se apoya en la alteración del orden de una frase para resaltar una idea. Se emplea mucho en la poesía, tanto por el carácter novedoso que le brinda a la imagen como por ser muy útil a la hora de acomodar la métrica. Un ejemplo podría ser “mandarinas tomamos de los árboles para degustarlas en el paseo”. Al colocarla al inicio de la expresión, la palabra “mandarinas” cobra mayor peso. 
  • Oxímoron: Se trata de un recurso cuya fuerza reside en la relación que plantea entre principios opuestos, a fin de resaltar algo por medio del contraste. Si se habla de “la devastadora serenidad del mar por la tarde”, por ejemplo, vemos que no se transmite una simple calma, sino que el exagerado contraste trae un extra que dice mucho.  
  • Anáfora: También empleada en la poesía, o en la prosa poética, la anáfora consiste en una repetición que tiene lugar al comienzo de las frases, a fin de incorporar un ritmo o una música en el texto. Por ejemplo: “miré en la noche de sus ojos, noche profunda, insondable, y afuera, sin que me diera cuenta, la noche terminó de caer”.
  • Onomatopeya: La onomatopeya es un recurso que se ve poco en la literatura más formal, mucho en los cómics y muchísimo en el lenguaje hablado. Se trata de la reproducción literal de un sonido. Un caso podría ser el “crack” de algo que se rompe.
  • Elipsis: Este es un recurso clave para las obras literarias. En el arte, la fuerza pasa por darle el lugar al lector. Por supuesto, si se le da un rol excesivo, el mecanismo ni siquiera comienza a funcionar, pero también es cierto que, si se le explica todo, no hay juego. A la hora de calibrar ese preciso equilibrio, la elipsis un recurso muy valioso.

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Lehrer, L. (17 de diciembre de 2021). Definición de recursos literarios. Su aplicación, clasificación y ejemplos. Definicion.com. https://definicion.com/recursos-literarios/