El concepto “literal” es, específicamente, un adjetivo que proviene del latín litterālis. Con esto, interpretaremos que este adjetivo hace alusión a lo relativo a (o conforme con) la letra, y así, es una referencia a que aquello de lo que se está hablando respeta, a rajatabla, lo que se ha dicho o escrito (y desde lo cual se parte). El adjetivo “literal” hará, entonces, referencia al sentido exacto y preciso de algo, sin modificaciones ni añadidos: es una referencia precisa, objetiva y descriptiva, sin dobles interpretaciones posibles.

Es un concepto muy empleado en toda disciplina que se aboque fundamentalmente a textos escritos (literatura, traducción), pero también puede ser útil para disciplinas con canales diferentes al escrito, como en la reproducción de audios, la transcripción de entrevistas, etcétera. De ahí que usualmente este adjetivo acompañe al sustantivo “transcripción”, que implica el proceso de representación gráfica, en general (y mediante un sistema de signos como el alfabeto) de algún tipo de texto ya sea oral, ya sea en otro idioma.

Describiremos algunos tipos de usos de este concepto, y los ámbitos en los que se lo puede aplicar.

El sentido literal versus el sentido figurado.

La idea de sentido en las expresiones es una que ha ocupado a los pensadores del área de la retórica, la semántica, y los estudios del lenguaje.

Tal y como adelantamos en la introducción al artículo, encontramos dos grandes grupos sobre los sentidos, y particularmente sobre esto teorizó Aristóteles al llevar a cabo sus reflexiones filosóficas sobre el lenguaje.

Antigüedad
Aristóteles trabajó acerca de la diferencia entre metáfora y sentido literal.

Él oponía metáfora (es decir, aquello que se desplaza de su sentido original) y lo que hoy entenderíamos como el sentido literal, o “normal” (usaremos este concepto entre comillas ya que es el que los autores de la época empleaban). Denominaba a aquella, metáfora, como la aplicación, a una cosa, de una palabra que es propia de otra: a esta construcción se oponía el sentido literal. Ahora bien, en aquel momento también se consideraba que el lenguaje tenía una relación directa con la realidad, es decir, hay una mímesis, una reproducción (exacta) entre lo que hay en el mundo y lo que se representa mediante el lenguaje. A esta postura llamada naturalista se le oponía el convencionalismo, que implica que no hay una relación tan estrictamente idéntica entre ambos elementos.

Esta postura abre la pregunta sobre cómo uno y otro sentido se construyen. Pensemos un ejemplo: si tenemos la expresión “Él tiene los pies sobre la tierra”, podemos pensarlo desde ambos sentidos:

  • Literalmente, está expresando que el sujeto de esta oración tiene sus dos pies sobre la tierra, sobre el suelo: hasta acá, no hay problemas en la interpretación.
  • De manera figurada, entendemos que esta oración hace alusión a que es una persona que, en cierto modo, no se queda en fantasías e ilusiones sino que se mantiene analítico, racional, frente a alguna situación.

Como vemos, una misma oración puede tener ambos sentidos: el contexto nos dará a entender que, probablemente, estamos ante una metáfora para hablar sobre alguien, y no que queremos decir que tiene los pies sobre la tierra (lo cual es algo más bien descriptivo).

Ni una ni otra forma de expresión son más o menos válidas que la otra: la metáfora cumple algunas funciones que, más que ser directa y explícita como puede ser una expresión literal, “adorna” de cierto modo el lenguaje y permite, gracias a la imaginación y la creatividad, proponer frases que posteriormente, en una comunidad que comparte este código (en este caso podemos pensar en las personas que hablan español), puede comprenderse perfectamente sin ambigüedades.

Traducción y literalidad.

Un ámbito donde este concepto entra en juego es en el de la traducción entre lenguas. La idea de que puede haber una traducción directa y literal de una lengua A a una lengua B ha sido, durante mucho tiempo, un tópico que ocupó espacio en tal labor. Y no es para menos, ya que se nos ha enseñado que, para cada concepto en una lengua, encontraremos el mismo concepto en todas las demás lenguas. Veremos cómo esta concepción sobre la lengua (y las lenguas) se pondrá en crisis.

Idiomas
Las traducciones entre lenguas ponen en evidencia la dificultad (e imposibilidad) de una traducción literal.

Veamos un ejemplo:

  • Noche (español): noite (portugués), night (inglés), nuit (francés), nit (catalán), ночь (ruso), etcétera.

Esta es una palabra que tiene un equivalente no solo en el concepto (en la palabra, ya sea escrita u oral) sino también en su significado (lo opuesto al día).

Ahora bien, veamos otro tipo de palabras:

  • Una palabra como “banco” en español, si se traduce al inglés, nos muestra un primer problema: ¿La opción correcta es bank (edificio u oficina comercial donde se realizan operaciones financieras)? ¿O bench (asiento, con o sin respaldo, en el que las personas se sientan)?

La respuesta es que ambas opciones son correctas. ¿Qué es lo que ocurre? Acá nos encontramos con el primer problema de la traducción literal entre lenguas: no es posible aplicarla de manera absoluta. Nos será mucho más sencillo aplicar esta operación, una suerte de “este concepto en lengua A equivale a este concepto en una lengua B”, con aquellas palabras que pertenecen al grupo de aquellas que pueden rastrearse en un diccionario: sustantivos, adjetivos, adverbios, verbos, preposiciones incluso. La razón es que tales palabras pueden buscarse una a una en un diccionario, un compendio lexicográfico o algún otro tipo de archivo que documente cómo se dice una determinada palabra en otra lengua. Ahora bien, una oración como la siguiente: I’ll call you back del inglés, tiene los siguientes componentes:

  • I: yo
  • ‘ll (will, forma acortada): palabra que señala tiempo futuro.
  • call: llamar.
  • you: a ti/te.
  • back: atrás.

Una traducción literal sería “Yo te llamaré para atrás”, que carece de sentido. Pero “Yo te regresaré/voy a regresar la llamada” es la opción correcta, porque call back en inglés no es “llamar atrás”, sino “devolver”.

Lenguas del mundo
Las expresiones de las lenguas son la evidencia de cómo se dificulta una traducción «A significa B».

¿Qué significa todo esto? Que si bien una traducción literal puede ser posible y correcta gramaticalmente (“Yo te llamaré para atrás” se adecúa perfectamente con las reglas de la gramática del español), en un contexto real, de una charla, una conversación, no tiene sentido, porque es el sentido correcto no es la traducción literal sino saber que, en inglés, la expresión call back no se interpreta en función de cada una de sus partes (call + back), sino que se la interpreta como un todo que, en inglés, significa inglés. Con esto, lo que queremos decir es que las lenguas no son meros listados de palabras que pueden compilarse en (muy extensos) libros, diccionarios, archivos, etcétera: ninguna lengua es la traducción directa de otra porque las lenguas son más que sus partes (sustantivos por un lado, adjetivos, verbos, preposiciones, etcétera). Así, quienes tienen la labor de traducir comprenden que tal fenómeno no ocurre “A significa B” en la mayoría de los casos, sino que hay un conocimiento contextual, cultural, social, y de muchos otros factores sociales (los jóvenes no hablan como los adultos, pues tienen sus propias jergas, e incluso los jóvenes de hoy no hablan igual a los jóvenes de hace 10, 30 o 50 años) que inciden y enriquecen las lenguas.

Citar este artículo

Fernández, A. M. (30 de diciembre de 2021). Definición de literal. Características, y disciplinas donde emplear el término. Definicion.com. https://definicion.com/literal/