La etimología puede definirse como el estudio acerca del origen de los términos, los elementos que los componen, su aparición en el tiempo y su integración en los idiomas. Analiza, asimismo, las variaciones que estos vocablos han ido experimentando, tanto en su conformación como en sus significados.

En las lenguas que presentan documentos escritos de larga data, el ámbito de la etimología se entrecruza con el de la filología, que se ocupa del estudio no ya de las palabras individuales, sino de los textos en su conjunto, procurando reconstruir con la mayor fidelidad posible su sentido verdadero.

Y también presenta puntos de consonancia con la lingüística comparativa, que es una especialidad encargada de la reconstrucción de las lenguas antiguas de las que no se tienen registros oficiales.

La etimología de etimología.

Podemos rastrear el origen etimológico de este concepto hacia el latín, y desde allí hacia el griego. Proviene del término etymologia, un cultismo conformado por la palabra etymos, que significa “verdadero”; logos, que hace referencia a “palabra”, y el sufijo –ia, que indica cualidad. Por ende, describe la “cualidad verdadera de una palabra”.

Etimología, estudio del origen de las palabras.
La etimología estudia el origen de las palabras, sus elementos y variaciones a lo largo del tiempo.

Etimología inmediata y primitiva.

Suele hacerse una distinción entre la etimología inmediata de una palabra, y la etimología primitiva de la misma. En el primer caso, se trata de estudiar la última lengua de la cual una noción procede. Respecto a este término, sería el latín. Desde la caída del Imperio Romano, en el siglo V, las universidades, los textos eclesiales y la gran mayoría de los intercambios diplomáticos se daban en latín. De hecho, los primeros diccionarios etimológicos fueron redactados en latín.

Pero el problema de la etimología inmediata reside en las transiciones que un vocablo pueda haber experimentado hasta llegar a esa última referencia conocida. Muchos estudiosos defienden la importancia de seguir el proceso evolutivo de un término, en especial cuando éste ha atravesado diversas lenguas en el transcurso del tiempo. No es extraño que, a lo largo de estos movimientos, una palabra cambie de significado, se reajuste, o gane o pierda un acento.

De allí surge la segunda acepción, la etimología primitiva, que busca rastrear el origen de un término hasta su lengua autóctona. En esta aventura, los estudiosos siguen la línea de las palabras por medio del mapa y del tiempo, a partir de investigaciones estructurales, análisis de movimientos históricos, y del seguimiento de la gramática, para llegar a ese origen verdadero.

El estudio de la etimología.

El acercamiento a un vocablo desde este ángulo es útil porque nos permite:

  • Ir hacia la raíz desde la cual un término fue concebido, muchas veces ampliando nuestra comprensión acerca de su uso correcto.
  • Descubrir un mundo y una historia detrás de un vocablo, que hasta entonces era una mera asociación de letras que recordábamos de memoria.
  • Distinguir entre las diferentes acepciones que una palabra puede presentar. Especialmente útil en el caso de las traducciones de textos de un idioma a otro.
  • Acercarnos al profundo misterio que subyace detrás del verdadero nombre de las cosas. En diversas tradiciones populares se habla del “poder creador de la palabra”, o de cómo alguien era preso de la voluntad de aquel que conociera su nombre verdadero.
  • Preparar el terreno para que se amplíe nuestro vocabulario, ya que en el estudio y la investigación vamos descubriendo términos asociados, sinónimos, antónimos, etc.
Traducción de textos antiguos.
El análisis etimológico es muy útil a la hora de traducir textos, aporta mayor precisión.

La etimología y la traducción.

Es natural la asociación que se da entre la acción de traducir textos de un idioma a otro y el estudio de la etimología. Es muy evidente el modo en el que la etimología nos ayuda a ganar precisión lingüística. Al indagar en las verdaderas raíces de un término, muchas veces aclara su sentido y permite, a la persona encargada de traducir, contar con un mayor grado de certeza en cuanto a la aplicabilidad o no de una palabra para representar a otra. Además, por supuesto, está presente el juego que se da entre una lengua y otra, mientras se sondean los orígenes y se tejen las relaciones.

Por otra parte, es claro cómo la acción de traducir textos nos obliga a un tipo de planteo que es muy similar, en esencia, al etimológico. No tanto por la pasión por alcanzar el origen, sino por el respeto con el que una noción ha de abordarse, a fin de que su auténtico sentido brille.

A la vez, en la actividad de la traducción es normal enfrentar situaciones en las que un vocablo presenta acepciones diversas. En estas situaciones también representa una gran utilidad el acercamiento desde lo etimológico porque, más allá de que esas acepciones puedan estar contenidas en la misma raíz, el músculo que nos proporciona el ejercicio del sondeo, muchas veces nos lleva a contextualizar de un modo más adecuado a cuál de esos sentidos es que una aplicación concreta está haciendo referencia.

Hay algo diferente en las tareas de traducción cuyos autores y autoras cuentan con esta espalda. Se nota una sustancia, como un peso en las palabras. De algún modo, viajar a las profundidades de un término para encontrarlo en su interpretación fiel es similar a la faceta del «Viaje del héroe» en la que toca bajar a los inframundos. Implica un esfuerzo, pero el texto emergerá de allí más vivo y más fuerte.

El poder creador de la palabra.
La etimología estudia el verdadero nombre de las cosas. Diversas tradiciones hablan del poder creador de la palabra.

En constante movimiento.

Al trabajar sobre lenguas vivas, la actividad etimológica presenta esta cualidad de estudiar entes móviles, fluctuantes. Por ende, si bien es común la asociación a los ámbitos eruditos o académicos, es importante destacar que todos los términos son pasibles de ser examinados desde este ángulo, y rastreados hacia su origen (aunque su existencia date de cinco meses atrás).

Ahora bien, esto abre el juego a una serie de distinciones muy finas, que han de ser sostenidas y toleradas. Como todo arte, el hecho de poder profundizarlo es una gracia y un honor. Pero en este escenario, por ejemplo, podemos traer el caso de la “etimología de los dichos”, en el que se estudia la procedencia de frases tales como “salvarse por los pelos” o “al que madruga Dios lo ayuda”. En este contexto estamos claramente en presencia de una aplicación extensiva de lo que la etimología verdaderamente es y que, al momento, no responde al ámbito incluido en su definición.

Ejemplos.

Simplemente, a modo de corolario, traemos algunos ejemplos de etimologías de palabras:

  • Cementerio: Esta palabra proviene del latín cementerium, que a su vez deriva del griego bizantino. Se conforma de la raíz koimaien, que significa “cama, acostarse, echar raíces los muertos”, y del sufijo –terion, que es “el sitio en el que se realiza la acción”. Por ende, sería “el lugar en el que los muertos se acuestan”.
  • Café: Este término proviene del árabe Kahwah, que se entiende como“estimulante”. Algo curioso es que se aplicaba tanto al café como al vino. De allí procedió hacia el turco, y de allí al italiano, adoptando el sentido acotado que hoy conocemos.
  • Amanecer: Palabra de origen latino, compuesta por el sufijo –a, que significa “aproximación”, manes (“mañana”), y ecer (que indica “proceso”). Por ende, hace alusión al “proceso de aproximación de la mañana”.
  • Apio: Término que proviene del latín y que denominaba a la misma planta, Apium Graveciens. Es interesante destacar que se trata de un derivado de apis (abeja), ya que el apio, tanto el silvestre como el que se sometía al cultivo, es una planta muy melífera a la que las abejas visitan con frecuencia.

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Lehrer, L. (2 de febrero de 2022). Definición de etimología. Su origen, estudio, distinción entre etimología inmediata y primitiva. Definicion.com. https://definicion.com/etimologia/