El sufijo es un elemento lingüístico que se agrega detrás de la raíz de una palabra, es decir, se coloca al final para modificar su significado y generar un nuevo término, que mantiene una relación con el original.

Tomemos, por ejemplo, el vocablo Colombia; al añadirle el sufijo “ano” o “ana”, que indican procedencia, obtenemos los términos colombiano o colombiana. Vemos que, en esta ocasión, el sufijo modifica al sustantivo, convirtiéndolo en un nuevo concepto que puede funcionar tanto como sustantivo o como adjetivo –en ambos casos gentilicios–, dependiendo el contexto. Así, la utilización de dichos sufijos suponen un modo más sencillo de decir que alguien o algo es “procedente de Colombia”.

Si nos detenemos a observar las palabras que usamos cotidianamente, descubriremos que los sufijos forman parte habitual del habla. Lo mismo ocurre con la gran mayoría de los idiomas. Conocer el funcionamiento, clasificación y significado de los sufijos nos permite comprender cómo se componen los vocablos y deducir el sentido de aquellos que desconocemos.

Etimológicamente, el término proviene del latín suffixus, conformado por el prefijo sub– (“debajo”) y el léxico fixus (“fijo”). De ello se desprende que un sufijo sea “aquello fijado o colocado abajo”.

Sufijos, comunes en casi todos los idiomas.
Los sufijos son unidades lingüísticas utilizadas en el 80% de los idiomas.

Sufijos y prefijos.

Cabe aclarar que un afijo es un morfema o partícula morfológica que se agrega a la raíz léxica –parte de la palabra que se mantiene inalterable–, con el objetivo de dar lugar a un vocablo diferente (aunque su sentido casi siempre está vinculado al del concepto original). Entonces, la acción de agregar un sufijo, también denominada sufijación, es, como dijimos, una manera de modificar fácilmente el significado de un término o de crear uno nuevo. Solo basta con agregar un afijo al final (detrás de la raíz).

Por el contrario, si el afijo se añade al comienzo de la raíz o base, lo llamaremos prefijo. En ambos casos habremos generado palabras derivadas, es decir, formadas a partir de procesos de prefijación o sufijación, añadiendo un morfema derivativo al lexema.

Elefantito lleva un sufijo diminutivo.
El sufijo apreciativo diminutivo “ito” denota menor tamaño, por ejemplo: elefante – elefantito.

Sufijo y morfología.

La lingüística abarca diferentes niveles de análisis, como el sintáctico, el semántico o el morfológico. Este último se dedica la estructura de los vocablos y las unidades internas que los conforman, como los morfemas.

Los morfemas son las unidades lingüísticas significativas de menor tamaño. Es decir que las palabras pueden ser descompuestas en morfemas, pero ellos no pueden dividirse en partículas significativas menores.

Hay dos tipos de morfemas. Por un lado, los morfemas léxicos o lexemas aportan el significado, el sentido conceptual que captamos de cada palabra. Se trata de la raíz de la misma; puede ser una parte o el vocablo entero. Ejemplos de lexemas son árbol o mano.

Por otro lado, los morfemas gramaticales brindan la información de carácter gramatical y modifican el significado de morfemas léxicos. Siguiendo el ejemplo anterior, podríamos hablar de arboleda o manito. Los morfemas gramaticales, dice la teoría, también pueden vincular a los léxicos entre sí (las conjunciones y las preposiciones forman parte de este grupo).

Los morfemas gramaticales se clasifican en dependientes e independientes. Como su nombre lo indica, hay algunos que van de la mano o dependen de lexemas diferentes, mientras que otros representan vocablos de por sí y no requieren ser combinados con múltiples unidades lingüísticas.

Todo este recorrido nos trae a donde queríamos llegar: los morfemas derivativos. Se trata de morfemas dependientes, que actúan en combinación con otros lexemas, al tiempo que alteran su significado, generando nuevos vocablos. Ahora sí, estamos hablando de los prefijos y los sufijos, los cuales difieren en la ubicación que ocupan de acuerdo al lexema (delante o detrás).

Es interesante observar que los prefijos tienen mayor carga de sentido en sí mismos que los sufijos. Podría decirse que el prefijo tiene un poco más de independencia, y es pasible de ser empleado como vocablo de por sí. A modo orientativo, podríamos formular la siguiente frase: “La identidad de género de una persona trans difiere del sexo que le fue asignado al nacer”. En este caso estamos utilizando el prefijo “trans” (que indica “más allá de”) como palabra en sí misma. Así podría suceder, entre otros, con el prefijo “ex”: “Tengo una buena relación con mi ex.

En cambio, los sufijos no cuentan con esa fuerza de significado de modo autónomo, sino que dependen del contexto gramatical y su sentido siempre está asociado a un lexema previo, al cual modifican. Los sufijos ofrecen variantes de una raíz léxica: la alteran en género o en número, destacan sus cualidades y convierten sustantivos en adjetivos o en verbos, entre tantas otras opciones.

El lenguaje inclusivo usa el sufijo "e".
El sufijo flexivo de género “e” es utilizado en el lenguaje inclusivo.

Tipos de sufijos.

Según el modo en que modifican a las palabras, los sufijos pueden ser clasificados como apreciativos, flexivos y derivativos.

  • Sufijos apreciativos: Estos sufijos destacan una cualidad o apreciación del concepto que modifican. Según lo que se destaque puede tratarse de diversos sufijos:
    * Aumentativos: Aumentan el sentido del término, ya sea en tamaño, intensidad o estima. Por ejemplo, si añadimos el sufijo “-ota” al vocablo mano, obtenemos manota.
    * Diminutivos: En oposición a lo anterior, estos sufijos indican menor tamaño o atenúan el sentido. Por ejemplo, a la cría de una gata la llamamos gatito, anexando el sufijo diminutivo “-ito”.
    * Peyorativos: En este caso, los sufijos otorgan un sentido despectivo, como cuando hablamos de una tienducha para referirnos a un local comercial de baja calidad o “de mala muerte”.
  • Sufijos flexivos: Muy comunes en nuestra comunicación lingüística, cotidianamente. Son los portadores de la información de los llamados accidentes gramaticales: género, número, persona, modo-tiempo-aspecto e impersonales.
    * Género: Distinguen el femenino del masculino. Para indicar que una persona es mujer en edad infantil, y distinguirla de otra del género masculino, se agrega el sufijo “a” al final de la palabra: niña, en lugar de niño. Cada vez es más frecuente el empleo del sufijo “e”, para incluir todos los géneros y orientaciones posibles: niñe. Sin embargo, según la Real Academia Española, el uso de la “e” en el lenguaje inclusivo es innecesario y ajeno a la morfología del idioma español.
    * Número: Se recurre al sufijo “s” o “es” para expresar el plural de un concepto. Siguiendo el ejemplo anterior, podemos decir: niñas, niños o niñes. De esta manera, los vocablos incluyen, a la vez, un sufijo flexivo de género y un sufijo flexivo de número.
    * Persona: Gracias a los sufijos es posible expresar las distintas conjugaciones de los verbos según la persona que ejerce la acción. Por ejemplo, el verbo “meditar, en tiempo presente del modo indicativo, se conjuga de la siguiente manera, de acuerdo a la persona: yo medito, tú meditas, ella medita, nosotros meditamos, vosotras meditáis, ellos meditan.
    * Modo, tiempo y aspecto: Al igual que en el caso anterior, estos sufijos flexivos tienen que ver con los verbos, puesto que modifican el verbo según el modo, tiempo y aspecto del mismo. Siguiendo el tono de lo ejemplificado, vemos que el verbo meditar lleva el sufijo “ar” cuando su tiempo es presente, pero cambia por el sufijo “aba” (meditaba) si se trata del pretérito imperfecto, o ará (meditará) si hablamos del futuro.
    * Impersonales: Se refieren a formas verbales sin conjugación: infinitivo (meditar), gerundio (meditando), participio (meditado).
  • Sufijos derivativos: Estos sufijos modifican la categoría gramatical, es decir, pueden hacer que un sustantivo derive en un adjetivo o un verbo, por ejemplo. De acuerdo a la categoría del vocablo resultante, encontramos distintos sufijos derivativos:
    * Adjetivantes: Sufijos que forman adjetivos, como el caso del verbo amar que deriva en el adjetivo amable.
    * Adverbializantes: Sufijos que forman adverbios. Por ejemplo, el adjetivo inteligente deriva en el adverbio inteligentemente.
    * Nominalizantes: Sufijos que forman sustantivos, como el verbo cantar, que deriva en el sustantivo canción, o el adjetivo especial que deriva en el sustantivo especialidad.
    * Verbalizantes: Sufijos que forman verbos. Tal es el caso del sustantivo hechizo que deriva en el verbo hechizar.

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Lehrer, L. (17 de marzo de 2022). Definición de sufijo. La diferencia con los prefijos y su clasificación. Definicion.com. https://definicion.com/sufijo/